Carreras profesionales ¿convencionales?

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Que el mundo está cambiando no es un secreto. Que el concepto de vida profesional también lo está haciendo, es algo que no debería seguir sorprendiendo. Hace años, quien podía presentar un CV estable, con pocas compañías, sin saltos entre salidas y entradas, tenía un tesoro a ojos de los evaluadores. Hoy, alguien que no sólo no esconde, sino que pone en valor sus tiempos entre empresas como periodos de aprendizaje personal, como periodos en los que aprendió y creció, en los que probablemente tuvo que prepararse para un cambio de actividad o sector, es alguien valioso. En estos tiempos de dificultades y sobresaltos, interesa más tener a tu lado a alguien capaz de luchar y de buscarse la vida, que alguien que nunca tuvo que sobreponerse a situaciones difíciles. En el deporte, por utilizar un símil visible, uno quiere tener al lado a alguien entrenado en las dificultades antes que a quien no lo está.

Por eso, inspirado en Arthur Clarke cuando dijo “El futuro ya no es lo que solía ser”, me atrevo a decir que hoy las carreras profesionales no serán lo que eran nunca más.  Hoy, encontrar múltiples facetas del candidato, discontinuidades explicables y explicadas, cambios de sectores y actividades, cambios de países, multiplicidad de tareas, diversidad de culturas empresariales vividas, nos lleva a pensar que estamos ante un candidato con capacidad de adaptación, con un enorme bagaje útil para los retos que el mundo laboral plantea y va a plantear. Hoy la experiencia ya no es tener 15 años en la misma empresa haciendo lo mismo, porque eso no es más que un año de experiencia repetido 15 veces. Hoy la experiencia se mide en los retos que has sido capaz de superar, en la diversidad de proyectos que has puesto en marcha, en el valor que has aportado en diferentes entornos, en las diferentes culturas de las que has bebido. En definitiva, hoy tu valor se mide por la riqueza de tu pasado.

Pero ojo, porque nada de esto sirve si no eres capaz de ponerlo en valor ante tu futuro empleador o cliente. Del mismo modo que presentar un brillante CV tradicional no era garantía por sí solo de enamorar a cualquiera de los dos personajes anteriores, lo mismo pasa con los nuevos. Pilar Gómez Acebo hablaba en una conferencia del Curriculum Mortis. Y es verdad. El CV sólo habla de lo que fuiste. Ya. No sirve para más. Con suerte te ha servido para estar sentado allí. Ahora el reto es explicar cómo ese pasado puede aportar el valor esperado ante quien tienes enfrente de ti. Yo me canso de oír, fui tal, fui cual, me premiaron por esto, me valoraron esto otro, fui el primero en… So, what? Dime cómo todo eso me puede ayudar, cómo satisfará las necesidades de mi empresa, qué puedes aportar para los retos que tendremos por delante, qué vas a poder hacer por mí. Eso es lo que quiero oír. Eso es lo que quiere oír tu futuro empleador, ese cliente al que estás tratando de enamorar para que pague tus servicios.

El mundo está cambiando y con él, el concepto de vida profesional. Clic para tuitear

¿Y la edad? ¿Es un problema?

La edad sólo está en la cabeza. He visto gente anciana con 30 y chavales de 57. Sólo es una cuestión de actitud.

Uno es joven mientras tiene un proyecto. En mi experiencia desde el lado del entrevistador he podido constatarlo muchas veces. Sólo si el entrevistador tiene acotado un estricto rango de edad tendrás que trabajar algo más para enamorarlo. Pero sólo eso. Si consigue ver el valor que le puedes aportar, si eres capaz de que le brillen los ojos pensando en cómo su vida será más fácil teniéndote a su lado, seguirás en el loop.

Tiempos apasionantes de paradigmas derribados, tiempos de talentos liberados, de cambios trepidantes, de quinquenios de meses, de romper con anclajes del pasado y tener mirada fresca y optimista hacia el futuro que está por venir.

Buena semana!

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