Oír No Es Escuchar

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Cuantas veces hemos sentido que otra persona no nos hace caso y le hemos hecho la pregunta, ¿me estás escuchando?, con el afán de sentirnos comprendidos, esperando quizás una respuesta, o simplemente para dejar claro que nuestro mensaje ha llegado…

Siempre se ha dicho que oímos ruidos y que escuchamos lo que otros nos dicen, quedando patente así que la acción de escuchar es voluntaria, y que además hay intención por parte del sujeto de hacerlo, mientras que oír se refiere a percibir un sonido de algo o alguien. Por tanto, no son sinónimos, y deberíamos prestar atención cuando utilizamos uno y otro. Según Benito Peral, psicólogo clínico: “La escucha es un proceso activo, que requiere de una determinada actitud y aptitud para la sintonía con el otro. La buena escucha crea un clima de empatía, de cordialidad y de autenticidad, en el que es posible percibir el marco íntimo de referencia de la otra persona”.

Considero de capital importancia prestar atención al término escucha, como parte medular en nuestra comunicación con los demás. Tener la habilidad para escuchar el mensaje de nuestro interlocutor de manera activa, con plena conciencia de querer entender lo que nos quiere decir, enfocado y de manera empática, es una estrategia para mejorar nuestras relaciones, además de poder ofrecer una respuesta útil.

En los procesos de coaching que realizo en las empresas, es uno de los retos a trabajar en un alto porcentaje de casos. Hay líderes que no saben o no quieren escuchar, y que además no distinguen entre oír a sus colaboradores y clientes, y escucharlos genuinamente. Haciéndolo, podrían impactar muy positivamente en ellos y ganarse su confianza, además de obtener información más valiosa y ofrecer mejores soluciones.

Para mejorar nuestra escucha y que sea efectiva debemos:

  • Prestar atención y recordar lo que nos dicen.
  • Ser objetivos y no juzgar, utilizando nuestra empatía, intentando entender lo que nos cuentan, aunque no lo compartamos.
  • Ser amables para que las otras personas se sientas cómodos para expresar, compartir sus emociones y deseos.

La motivación principal para desarrollar y trabajar en nuestra escucha activa son los beneficios que vamos a obtener, tales como la confianza que vamos a generar, una mejor imagen de nosotros como líderes o como empresa, nos va a ayudar a entender los mensajes que nos dan correctamente, y sin duda, puede ser una buena estrategia de marketing.

Termino con una frase de Carl Rogers, uno de los fundadores de la Psicología Humanista, que me encanta: “Escuchamos no solo con nuestros oídos, sino con nuestros ojos, con nuestra mente, corazón e imaginación”.

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