Verano

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Ya tenemos el verano encima. Sol, playa, chiringuito… Es tiempo de descansar, de cargar pilas, pero también de encontrar un buen ejemplo, una buena práctica. En cada lugar, en cada situación, siempre podemos aprender cosas. Al fin y al cabo la vida es un aprendizaje continuo.

Chiringuito de playa. Un año sin ver al dueño al que el año pasado veríamos tres o cuatro veces y con el que charlamos no más allá de diez minutos seguidos. Es muy normal que cuando lleguemos nos diga: “¿Cuántos sois?” sin reparar en que es el cuarto año que venimos. A veces, la diferencia entre lo que te anima a volver o no es un simple gesto, una rápida reacción:

– Sentaos donde gustéis…siempre que no os dé el sol, que es muy molesto. Ahora voy a veros. Gracias por volver, es un placer veros.

No había cambiado nada. Sólo un gesto de aprecio y alegría por volver a ver a Gonzalo, aunque fuéramos conscientes de que él no nos recordaría. Y en dos minutos el primer gesto de lo que ahora se llama muy solemnemente: Coss-selling o venta cruzada.

– ¿Cómo va todo? ¿Está todo en orden? ¿Os gustan los cambios? Están hechos gracias a vosotros. Gracias a los que estuvisteis aquí el año pasado. Además, gracias a vosotros, a cada uno de vosotros, hemos podido abrir aquí al lado el segundo local. Ahora os dejo la dirección. Nos encantará veros por allí.

Unos minutos antes sólo creíamos ser unos clientes más, y ¡ahora éramos los clientes más especiales! Sólo un minuto antes de que una chica con cara angelical (según dijo el propio Gonzalo) viniera a tomarnos la comanda. Ni que decir tiene que una persona que se encuentra agusto consume mucho más que uno que lo está.

– ¿Todo bien, chicos? ¿Todo en orden? Me alegro de veros. Este año ha venido la misma gente, pero se nota que todos gastamos menos. Sentíos en vuestra casa, si necesitáis algo me lo decís.

“Sentirnos en nuestra casa”, pero si ¡ya lo estábamos! Si parte de esta casa era gracias a nosotros. Él mismo lo había dicho antes.

Pero antes de darnos cuenta, teníamos a nuestro anfitrión, a nuestro ya amigo del alma, sentado con nosotros portando dos cajas de madera.

– Tengo una amiga que pinta obras de pintores reputados en trocitos de cristal. Después los engarza y hace con ellos colgantes, pendientes, una maravilla. ¿Queréis verlos?

¿Quién dice que no a esta proposición? La verdad es que sí que eran bonitos, muy trabajados y verdaderamente originales. Por unos pocos euros ¿quién no tiene unos pendientes y una gargantilla de la amiga de nuestro “mejor amigo”?. Pues es verdad. Trae para acá, que sólo por lo simpático que eres….

– ¿Que es el cumpleaños de ella en unos días? –me dijo mientras intentaba pagarle el regalo de una manera discreta- Venid a cenar. Tú te vienes antes, me dejas una tarta y se la sacamos después con una botella de champán de mi parte. De verdad, le va a encantar. Hazme caso.

Acabo de caer en la tercera venta cruzada que me ha metido el tipo en media hora. Soy fácil, lo sé, siempre lo he sido, pero me fascina una venta hecha con gracia, una venta oportuna, una venta en la que crea que el que he comprado he sido yo.

Un compromiso de visita al nuevo lugar, una comida muy aceptable, unos pendientes y un colgante y una promesa de nueva visita para celebrar el cumpleaños después, nos despedimos de Gonzalo.

– Qué gusto. Qué tipo más despierto. ¡Y tiene el sitio lleno! –decíamos mientras pasábamos por la terraza vacía del restaurante de al lado…

Lo dicho, tiempo de vacaciones, tiempo de cargar pilas, tiempo de no dejar de aprender.

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