La vida puede ser maravillosa!

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Con esta frase me cautivó Andrés Montes. Desde hoy no está con nosotros. Escribo esto como se deben hacer las cosas a veces, con el corazón. Acabo de conocer el fatal desenlace de la vida de un magnífico comunicador y me siento triste porque se haya ido. Andrés Montes, por encima de todo, era para mí un comunicador singular, con un estilo propio, de los que ya casi no quedan en este mundo. Alguien que arriesgó en su forma de comunicar. Alguien que era él. Irrepetible.
No era un clon. No era como otros. No tuve el gusto de conocerle nunca. Oí a personas que criticaban su forma de retransmitir. Andrés, ¡qué le vamos a hacer!, no se puede caer bien a todo el mundo todo el tiempo. De la época de Antena 3 recuerdo escucharte con García y admiraros a los dos. En aquel tiempo yo aprendía a hacer radio. Una pequeña emisora de radio, hoy desaparecida, me permitió dar mis primeros pasas y dirigir y presentar tres programas. Erais nuestros referentes. Nunca tendré la oportunidad de decírtelo.
Tú nos acercaste a la selección de Itu, Corbalán, De la Cruz, Sibilio,.. con aquel mundial en Cali-Colombia. Desde entonces nunca olvidaré donde esta Cali. Te sigo desde aquellas madrugadas.
Vimos la NBA contigo, y ahora he tenido el placer de que mis hijos se apasione
n con el baloncesto gracias a la ilusión que proyectabas. Has tenido la suerte de estar con la selección en los mejores momentos de su historia, al menos los que más triunfos nos han deparado. Has disfrutado, nos has hecho disfrutar, y de eso trata esta vida. Vaya mi recuerdo admirado por el trabajo hecho, por la pasión con la que sentíamos que nos lo entregabas y por la ilusión que proyectabas.
Lo dicho, ¡La vida puede ser maravillosa! Gracias, Andrés, y descansa para siempre con los grandes de este deporte que encontrarás donde quiera que estés.
Una de las cosas que más me llamó siempre la atención cuando se daba una noticia luctuosa en la radio es aquello de que la vida sigue. Y no se trata de olvidar a quien se ha ido, sino de continuar el camino para hacerlo mejor, en memoria precisamente de los que se van.

Llevo unos días para escribir un magnífico reencuentro que tuve con el mundo del basket en el colegio San Agustín de la mano de su jefe de cantera, Juanjo Hernández.
Tuve la oportunidad de charlar en un animado debate con los entrenadores, jugadores, personas del club y amigos de fuera, que me honraron con su asistencia. Vaya mi agradecimiento en primer lugar. En segundo lugar mi admiración por el trabajo de Juanjo y su equipo. Entrenar no es sólo “ir a entrenar”. Es prepararse, es estar atento a lo que pasa fuera y dentro, es conocer gente, es conocer nuevas tendencias, es debatir, es atreverse, es pelear por tus ideas, es defender a los tuyos y lo que piensas, es respetar al otro, es escuchar atentamente, es valorar el trabajo de los jugadores… Entrenar es más que “ir al entreno”. Y cuando uno está en una organización como la que dirige Juanjo que no sólo lo permite sino que lo fomenta y lo estimula, un entrenador se debe sentir muy orgulloso. Ayer hablaba con un vecino de la motivación para sus vendedores. Trataba de decirle que el dinero no lo era todo. No es la solución mágica. Herzberg lo llama elemento higiénico. Yo lo llamo sólo dinero. Pero me parece mil veces más motivador, tienen mucha más capacidad de retención de talento este tipo de iniciativas.
En el debate hablamos de todo o casi de todo. De Baloncesto y de empresa. De la cancha y del despacho. De directivos de club y de comités de dirección en empresas. De jugadores y de empleados. De jefes y entrenadores. De líderes. En ambos campos. Hablamos de todo eso hasta muy tarde. Pero la velada fue inolvidable para mí. Y como siempre, me llevé la mochila llenoa de cosas que no sabía.

Gracias, Juanjo, Toñín, Alberto, Gaby, Ricardo, Luis, Fernando… ¡Gracias a todos!
Seguimos en el camino.
¡La vida puede ser maravillosa!
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