Todo está en el cerebro

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Que el cerebro, esa masa que ocupa 1.500 centímetros cúbicos de nuestra cabeza y pesa 1.400 gramos, dicta lo que tenemos que hacer y cómo, no está en discusión. De cómo sacar el máximo provecho de él es de lo que me he preocupado de leer en unos días de descanso que he tenido.

Hace años que conocí con el profesor del IESE Luis Huete cómo podíamos convertir círculos viciosos en virtuosos tan sólo con cambiar nuestra actitud. “Las cosas me van mal, por eso dejo de salir o alimentarme bien, mis relaciones sociales se deterioran, me encuentro mal conmigo mismo, y las cosas no me salen bien, sino mal”. La receta para revertir estos círculos que atrapan voluntades no nos pareció compleja en ese momento. Se trata tan sólo de dar instrucciones al cerebro de que haga lo contrario e invierta el ciclo. “Las cosas no me van bien, empiezo a alimentarme bien, cuido mis relaciones sociales, me encuentro feliz conmigo mismo y las cosas empiezan a irme mejor, estoy feliz”. Si fuera tan sencillo como esto no existirían las depresiones, ni veríamos en los medios o en nuestros círculos cercanos situaciones de dificultad, por las que tantas personas pasan sin saber o poder salir de ellas.

Hace años descubrí la Betari Box que hablaba de las interacciones entre las actitudes y los comportamientos.  Estos días, tratando de conocer más y mejor este apasionante mundo gracias a Diego del Agua, he estado leyendo a Estanislao Bachrach, quien habla de cosas tan interesantes como la neuroplasticidad del cerebro, que nos permite reconstruir nuevas relaciones neuronales mientras afronta cambios antes no imaginables. En su libro “Encambio” habla de la voluntad como el motor más importante que nos permite producir los cambios deseados gracias a nuestro cerebro.

La voluntad, como el motor más importante, nos permite producir los cambios deseados gracias a nuestro cerebro. Clic para tuitear

Y eso tiene su aplicación directa en el mundo de la empresa. ¿Cuántas veces hemos oído decir: “Yo soy así y no puedo cambiar”? “Yo hago las cosas de una manera y al que no le guste que no mire” “Ya soy muy mayor para cambiar”. Bachrach demuestra con pruebas tomadas de científicos cómo, a pesar de que desde los 3 a los 16 años perdemos cerca de 20.000 millones de sinapsis por día, en la etapa adulta podemos construir nuevas con ayuda de la voluntad de hacerlo para “mirar” las cosas de otra manera. La buena noticia es que ya no nos tenemos que escudar en nuestros heredados cerebros reptiliano y límbico, para justificar la inacción ante estímulos para los que nos gustaría adaptarnos de forma distinta, sino que está en nuestra mano construir nuevas conexiones neuronales que nos permitan afrontar las cosas de otra manera. Cambiar es posible.

Los frenos y los miedos.

¿Cambiar duele? La memoria está diseñada para evitar al ser humano un desgaste de energía buscando datos cada vez que necesitamos algo. Y con ello llegan los hábitos, que nos ayudan a dar respuestas automáticas a estímulos conocidos. Estos extraordinarios recursos se vuelven obstáculos para el cambio. Para cambiar situaciones hay que cambiar hábitos y eso no es sencillo, porque nos adentra en lo desconocido. A su vez, nos provoca miedos, que cuando son paralizantes, nos llevan a la inacción. La mejor manera que el ser humano encuentra para justificar esta inacción es apelando a la imposibilidad de cambiar.

Donde la magia sucede.

Sin embargo, de todos es sabido que la mayor parte de las cosas excitantes, de las experiencias que enseñan, se producen fuera de la zona de confort, y por eso queremos cambiar y salir. Por eso los cambios se mitifican cuando los vemos en otros, porque sabemos lo que cuesta cambiar, porque somos conscientes del esfuerzo que supone manejarse en aguas turbulentas, porque valoramos el coraje de navegar en la incertidumbre. Pero, además de excitantes, las experiencias intensas son las únicas que proporcionan aprendizaje, y con ello enriquecimiento personal.

Cambie, piense como Tácito cuando decía aquello de “Es poco atractivo lo seguro, en el riesgo hay esperanza”. Al fin y al cabo, todo está en su cerebro.

Buena semana!!!!

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