Super Mario y las decisiones

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Tomar decisiones no es asunto baladí en el mundo de los directivos. De hecho, las dos misiones más importantes que tienen los directivos en todo el mundo son dirigir personas y tomar decisiones. Tan simple y tan complejo como esto. He hablado mucho en este blog sobre la dirección de personas. El profesor del IESE Miguel Angel Ariño tiene un blog muy interesante sobre toma de decisiones que recomiendo, porque siempre hay aprendizajes que obtener. 

Pero, ¿por qué resulta tan difícil tomar decisiones? ¿Y buenas decisiones? ¿Por qué no hacemos muchas veces nada en búsqueda de estas últimas? ¿No hacer nada no es estar tomando ya una decisión? ¿Y no puede estar siendo esta la peor posible?

A menudo me encuentro con directivos que no toman decisiones, que prefieren pegar “patadas para adelante” a los asuntos a ver si con un poco de suerte los problemas se disipan o simplemente se resuelven solos. ¿Cuál es la razón? ¿Miedo? ¿Incompetencia? ¿Haraganería? ¿Estrategia premeditada? Por más que pienso no encuentro otra razón que estas cuatro. 

Cuando no hacer nada obedece a una estrategia predeterminada, no digo nada. Eso, como decía antes, es estar tomando una decisión, que es dejar que pase el tiempo. Otra cosa es que opine que las contraindicaciones que a menudo tiene este tipo de comportamientos tengan que ser evaluadas de antemano, para no dañar ni la confianza ni las relaciones con las personas del equipo. Peor es no tomar decisiones por no saber qué hacer o por no estar dispuesto al esfuerzo que conlleva la acción que sigue a la decisión. Sin embargo, tengo la impresión de que la principal causa de inacción de los directivos de hoy en día es el miedo, el miedo a equivocarnos. Tomar decisiones con poca información, como a veces ocurre, en mercados tan cambiantes, genera incertidumbre, duda, y eso atenaza al directivo e inhibe la acción. 

¿Qué puede hacer un directivo para aprender a tomar mejores decisiones? 

Lamentablemente lo único que no puede hacer es volver atrás en el tiempo. Las generaciones que nos siguen van a tomar decisiones más rápidas con menos información. No necesariamente van a ser mejores, pero ante un fracaso se levantarán antes, volverán a tomar nuevas decisiones antes, y saldrán adelante más rápidamente que los que ahora ocupamos puestos de responsabilidad. Ellos pertenecen a lo que llamo la generación Super Mario. Han crecido con unos juegos en las manos que les está entrenando a tomar decisiones en milésimas de segundo con escasas consecuencias. Seguro que no falta quien dice que no vale, porque saben que no se juegan nada. Pero de eso se trata, de entrenarse en la toma de decisiones sin perder nada en el intento. Pruebe a jugar a una de esas maquinitas. Intente ir a la velocidad de su hijo por esos caminos llenos de trampas, agujeros negros, caídas interminables, premios, enemigos, amigos, monedas de oro, líquidos deslizantes, aceleradores insospechados.. ¿Le suena a algo? La vida en estado puro. Y en cada ocasión tendrá que hacer una cosa u otra sin tiempo para pararse a decidir, sino guiado por su instinto, por su cerebro reptiliano. 

¿Está todo perdido si no juego bien a Super Mario?

Claro que no, pero si cree que la toma de decisiones es un “must have” para usted, tiene que entrenarlo. A eso nos dedicamos en las escuelas de negocio como Barna Business School, a entrenar a directivos en la toma de decisiones y en la dirección de personas. Las escuelas que trabajamos con el método del caso, permitimos encontrar al directivo ese espacio en el que equivocarse sin riesgo, en el que rectificar posiciones sin exposición, en el que contradecirse sin ponerse colorado, en el que debatir consigo mismo y con otros, en el que desanclar antiguos paradigmas y anclar nuevos, en el que aprender desaprendiendo. Reflexión, aprendizaje y nuevos conocimientos sin riesgo. Los mejores ingredientes para mejorar en la toma de decisiones sin tener que recurrir al bueno de Mario.

Buena semana. 

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