De que les des la mano y te cojan el pie

Share on linkedin
LinkedIn
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Abusar de la confianza es tan viejo como el propio ser humano. Las personas somos moldeables y nos adaptamos a las condiciones. Si son duras, nos cuesta, pero más tarde o más temprano nos adaptamos a ellas. Y por el contrario, si las condiciones mejoran, la adaptación es automática. Eso no es nuevo, ni exclusivo de las personas de este tiempo. Este fenómeno se reproduce lógicamente en los grupos y es muy fácilmente visible en el deporte, por la constatación pública de los resultados. El equipo que baja la guardia, que relaja su ritmo de trabajo, se desentrena y acaba perdiendo la forma. Y cuando uno no está en forma es muy difícil competir. Cuando llega la competición, coger de nuevo el hábito cuesta mucho más. Eso es lo que le pasa a las personas, a los equipos deportivos y a los equipos profesionales. De ahí que, en ocasiones, el entrenador tenga que tomar cartas en el asunto. 

Pero el equilibrio no es fácil. No es sencillo mantener un tono firme de exigencia sin que no haya quien se queje. Y la receta, como he dicho antes, tampoco es bajar la guardia, porque entonces es difícil que lleguen los resultados. 

¿Cuál es el camino para conseguirlo? 

Yo sólo conozco uno, algo más largo, para el que los resultados acaban llegando, quizá un poco más tarde, pero llegan: Liderar con el ejemplo. “Si esto es importante, yo estoy el primero”. “Si hay que recortar, empiecen por mí”. “Si hay que echar más horas, no me voy a quedar atrás”…. 



La vieja Roma nos dejó como legado el viejo dilema entre la potestas y la auctoritas. El poder te lo dan. La autoridad te la ganas. Te la ganas con el ejemplo, con la claridad, con la honestidad y con la lealtad hacia tu equipo. Pero también pasa que el poder es inmediato, y la autoridad tardas en que te la otorguen. Por eso es tan tentador tirar del poder que te dan los galones para imponer medidas rápidas. Por eso y porque ganarte la autoridad lleva tiempo, y entonces aparecen personajes que intentan boicotear esta efectiva forma de gestionar. Gentes que sólo entienden el palo y la zanahoria, y que no son capaces de vislumbrar otra forma de gestionar a sus equipos que no sea esta. Y tratan de imponértela, porque sólo así validan sus métodos. ¿Y si va a resultar que se consiguen mejores resultados otorgando confianza a la gente?, ¿Y si se obtienen más frutos permitiendo a las personas que confíen en ellas mismas?, ¿Provocando nuevas formas de hacer?, ¿Sugiriendo nuevas soluciones?, ¿Aportando nuevos puntos de vista?, ¿Trabajando en nuevos enfoques?… Yo creo en eso firmemente.

Pero ojo, soy consciente de que hay que andar con cuidado con los malos profesionales que abusan, que sólo buscan su beneficio en el corto, desconociendo las ventajas que obtendrían con el nuevo modelo en el largo. Y esto es así. Ha pasado y pasará. Siempre va a haber quien lo intente. Por eso es tan importante tener la libertad de dejar de contar con quienes abusen, con quienes no entiendan que la libertad que se les da, no es más que para bienadministrarla en beneficio común y no sólo en el propio. Por eso es tan importante darte cuenta de cuándo ofreces la mano y te toman el pie. Un proverbio chino dice : “La primera vez que te engañen es culpa de ellos. La siguiente es tu culpa”.

Buena semana

Share on linkedin
LinkedIn
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Más para leer

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *