Rayar la Cancha

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Abordaremos hoy un concepto clave en la conformación de un equipo: Establecer las normas de funcionamiento del mismo.

En una ocasión tuve la oportunidad de hablar con un amigo chileno de estas cosas, y me pedía que imaginara un campo verde más largo que ancho. Ahí es donde los jugadores de fútbol habrían de jugar. Para poder hacerlo, tendríamos que decirles a los jugadores dónde estaría la portería, cuánto mediría, dónde las bandas, y el fondo del campo, y el centro del mismo, y el punto de penalti… Para poder empezar, sencillamente, teníamos que Rayar la Cancha. Poner los límites, delimitar el espacio en el que jugarían, y lo que en adelante íbamos a permitir y no. Si el balón sale por la banda, por ejemplo, el equipo contrario tendrá la posesión inmediatamente.

Cuando uno conforma un equipo dentro de una empresa también ha de rayar su cancha. Ha de establecer las normas, lo que se puede y no hacer. Y debe hacerlo con criterios objetivos. Criterios que todos entiendan y que persigan conseguir los objetivos que tenemos planteados. No obligatoriamente han de ser normas aceptadas por todos en un primer momento. De hecho, uno de los escollos que surgen a la hora de establecer normas en un equipo ya establecido, es la falta de aceptación de algunos de los miembros del mismo. Mi opinión, y seguramente la contraria será tan válida como la mía, es que cuanto más entendidas, cuanto más consensuadas, cuanto más aceptadas estén desde el principio, más fácil nos va a ser caminar juntos. Pero nos va a tocar negociar la diversidad. Nos va a tocar convencer, que no vencer, a aquellos que no las entiendan. Aquí la mano izquierda del entrenador o gerente de un equipo es básica. ¿Qué quiere usted? ¿Ganar un combate? ¿O la batalla? Si usted impone una nueva forma de hacer frente a la oposición de todo su equipo, o tiene profundos motivos dados por el objetivo que se plantea, y además cuenta con el apoyo de su empresa, o es un visionario incomprendido, o está cavando su fosa empresarial. Por el contrario, si se toma el tiempo y el trabajo de hacer entender el motivo de estos cambios entre las personas de su equipo, se habrá ganado al menos el derecho a ser escuchado. Pero insisto en que no creo en la imposición sin dar la oportunidad a la otra persona de explicarle, al menos, los motivos. Porque al fin y al cabo dependemos de la voluntad de la otra persona para hacer el trabajo. Y no se trata de escudarnos en que el sueldo que pagamos nos permita imponer la irracionalidad. Por eso mi mejor experiencia en este sentido me aconseja escuchar, no entrar como un elefante en una cacharrería. Conocer las diversas opiniones sinceras, las diversas sensibilidades, los distintos puntos de vista, para convencer allá donde haya que hacerlo, y para vencer en donde no haya más remedio. Pero no olvide que son sus soldados ha de ganarse su confianza, porque cuando estén en el campo de batalla, su pellejo está tan en sus manos como el de ellos en las de usted. No olvide que en un equipo cada uno ejerce un rol, incluso su líder, y que si todos lo comprenden y saben lo que han de hacer en cada momento, tendremos más garantías de éxito.

Le sorprendería conocer el porcentaje de personas de su organización que no conocen las metas que persiguen. Pregunte entre ellos mañana mismo. ¿Cuáles son las metas que tenemos? Se sorprenderá del bajísimo porcentaje que los conoce. Por tanto, su primera tarea será hacerlas patentes. Darlas a conocer. Que se sepa qué es lo que perseguimos. El siguiente reto que le propongo es preguntar entre su equipo por el grado de involucración con sus metas. Si ha hecho un buen trabajo, el porcentaje será alto. No se sorprenda, cualquier resultado por encima del 25% será un éxito. Haga la prueba. Y reaccione si su resultado está por debajo. Tenemos muchísimas menos personas involucradas con nuestras misiones de lo que nos imaginamos. El papel lo aguanta todo, y podemos escribir misiones, visiones y valores en menos de diez minutos. Las podemos colgar en nuestra brillante web y quedarnos tan tranquilos. O por el contrario podemos ponernos manos a la obra para que éstas sean comprendidas, aceptadas e introducidas de forma natural en la manera de hacer de su empresa. Y por último debería definir los procedimientos, contar aquellas cosas que, de hacerlas, ayudarán a las personas a alinearse con los objetivos de su empresa y conseguir las metas propuestas. Al menos la mitad de las personas de su empresa no sabrán que hacer para ayudar, pese a que en su voluntad esté.

Y no olvide que nunca es tarde para rayar la cancha. Póngase manos a la obra mañana mismo si aún no lo ha hecho. Y una vez que haya puesto las normas, consensuadas o no, establezca las medidas necesarias para que se conozcan y cumplan. Porque poner las normas no es muy difícil, pero conseguir que éstas se cumplan si. Y por eso le pagan a un entrenador. Y a usted.

© Raúl Castro
http://www.tiempoparadecidir.com/

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