Sí se puede

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Cantaba Juan Luis Guerra allá por los 90 aquello de “somos un agujero, en medio del mar y el cielo, quinientos años después…”, en una bella canción que hablaba de su querida República Dominicana y del deseo de mejora. Esta es una tierra de gentes inquietas, que desean mejorar y que están haciendo un esfuerzo enorme por fabricarse un futuro más justo, menos desigual, con modelos más sostenibles. Es un país emprendedor, como otros del área, tal y como se recoge en este reciente informe.  


Hoy, ese canto a la esperanza, a que llueva café en el campo, se podría escuchar en cualquier rincón de mi país, España, en el otro lado del charco. Tenemos la cifra más alta de desempleo de nuestra historia con perspectivas de que esto va para rato, pérdida de confianza en las instituciones, en todas, una elevadísima tasa de desempleo juvenil, desahucios diarios, manifestaciones,… Hoy, un 40% de los jubilados ayuda a algún miembro de la familia… No me digan que no es un termómetro de que algo no funciona bien…. 

Mi generación, la que tiene hoy 45, no va a tener esa pensión media actual de 1.000 euros garantizada, ni la sanidad gratis, ni descansará a partir de los 65…. Es así, no piensen otra cosa. Nuestra generación está pagando un estado del bienestar que no podremos disfrutar cuando nos llegue el momento. Poco a poco vamos a ir viendo como los servicios subvencionados van desapareciendo, como las pensiones se van recortando, como las ayudas disminuyen, como la sanidad dejará de ser universal y “gratis total” para el usuario,… Todo eso y muchas cosas más que no imaginamos. 
No hay recetas mágicas para levantar cabeza. Sólo una muy antigua: El trabajo duro. Pero como en cualquier proceso de duelo, lo primero que hay que hacer es aceptarlo. Recomiendo este artículo que leí hace unos días, del que tomo el dibujo de arriba, sobre aceptar las cosas como son.
¡Señores!: esto no se resuelve solo, no va a llover café en el campo, ni en las ciudades, ni en ningún sitio. No nos lo van a arreglar los políticos, los que sean. Todos han tenido sus oportunidades y todos han defraudado sistemáticamente. De nada sirve la queja estéril, el llanto inútil, la inaceptable violencia que se ejerce en algunas “manifas” propias de países subdesarrollados… 

Mientras un país como el nuestro se permita cuatro niveles de administración, mientras tengamos que soportar tanto cargo público, tanto político que no ha sabido administrar la opulencia y ahora se queja, a esto le queda para largo. Tenemos unas administraciones ineficientes, sobredimensionadas y fofas que no sirven para enderezar el rumbo. Pedirles a ellos que lo arreglen, no va a solucionarlo.


Esto tiene solución desde los ciudadanos individuales, desde los ciudadanos colectivos, desde cada uno, desde cada varios. Agruparse, colaborar, sumar… Y no me refiero a juntarnos para manifestarnos gritando ¡sí se puede!, cosa que obviamente permiten las leyes, sino a huir del victimismo para pasar a la acción. Tenemos que juntar fuerzas e imaginación para construir en lugar de destruir, para sumar en lugar de restar, para armar un nuevo modelo de nación que permita a nuestros hijos volver a conocer el valor del esfuerzo. 

Con el tiempo hemos conformado una sociedad perezosa, aplicada a la ley del mínimo esfuerzo como patrón de conducta, que sólo se queja cuando le quitan las migajas que le daban a cambio de comparecer en sus trabajos. 

Esto se resuelve pensando en lo que puedo hacer por el país y por mí y mi familia, en lugar de lo que el país o sus representantes vayan a hacer por nosotros. Sé que esto ya lo dijo Kennedy, pero creo tanto en ello que lo he adaptado a mi ADN, a mi forma de pensar y vivir. 

Es tiempo de cambiar, de ponerse en acción, de reponerse del golpe, de restañar las heridas, de ponerse a caminar desde mañana mismo.


Buena semana. 
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