Sacrificarse te da libertad

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Hace años oí que el sacrificio te proporcionaba libertad. Nada más oírlo no puedes dejar de pensar en el contrasentido que significa. ¿Cómo, algo que resta tiempo, que te consume energía, que te cansa, puede reportarte libertad? Quien me lo explicaba me ponía varios ejemplos: Aprender a tocar el piano es sacrificado, pero el día de mañana te permitirá decidir en una reunión de amigos, por ejemplo, si quieres tocar el piano. Igual no es el mejor ejemplo, pero cuando pienso en cosas por las que me sacrifiqué, como aprender a jugar al basket, o escribir periódicamente un blog, o prepararme las clases para luego impartir, me da una inmensa libertad de decidir si quiero hacerlo o no.

En el fondo, la libertad, como la entendía ya Aristóteles, no es más que la esencia del ser humano.

Por eso la anhelamos. Guiar nuestra vida conforme a la capacidad que tenemos de decidir nuestro destino, es una de las cosas más satisfactorias. Y esa libertad pasa siempre por decidir. Todo el día estamos decidiendo.

El proceso de toma de decisiones que enseñamos en las escuelas de negocio y en los programas que llevo a cabo para directivos en empresas, no se basa más que en eso, en poder elegir entre dos o más opciones. A veces sólo tengo una opción, y mi decisión se basa en saber si la tomo o no. Y es aquí donde el ejemplo de mi amigo cobra sentido. Si te sacrificaste en algún momento por mejorar tus habilidades, muy probablemente tengas más opciones, y eso no te hará tomar la mejor decisión por sí solo, pero aumentará las posibilidades de encontrar una buena solución y te brindará la libertad de tomarla o no.

El sacrificio te reporta libertad

 

En sentido contrario, muchas personas que no se tomaron la molestia de pasar un mal rato, que no quisieron abandonar su zona de confort, la que fuere, anhelan muchas veces una libertad que no les es dada por no contar con suficientes opciones.

He conocido en estos años muchos ejemplos de gente triunfadora que ha llegado tras sacrificar cosas: A veces tiempo personal, a veces tiempo familiar, horas de sueño, … El triunfo no llega sino después de sacrificar algo. Y de nuevo, como en un círculo virtuoso, el ser humano tiene la libertad de decidir si le merece la pena sacrificarlo por el fin que persigue, o no.

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