Nunca tomes café sólo

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Parafraseando al genial libro de Keith Ferrazzi “Nunca comas solo”, comienzo este post sobre la necesidad que tenemos los profesionales de no descuidar nuestro networking “incluso” cuando nos va bien.


Y esto último no es casualidad. Mucha gente tira del networking, cuando ya es tarde, cuando se siente atrapado en la necesidad de contactar con otros que le ayuden, que le den. Las redes sociales ayudan, ¡qué duda cabe!. De hecho, en este post hablé de ello ya el año pasado. Pero tener una página de Facebook, colgar algunas fotos en Instagram, o juntar tarjetas de visita en Linkedin como si de cromos se tratara, por sí solo, no es estar haciendo networking. 

El networking se hace cada día, intentando dejar buen recuerdo por donde pasas, cuidando a las personas que trabajan contigo para que sean mejores que cuando llegaron a tu lado, entregando el mayor valor posible en cada cosa que haces, estando a disposición de los otros, dando antes de pedir, dando sin tan siquiera tener intención de pedir… Todo esto ayuda a tejer esa tela de araña de la que habla el profesor del IESE, José Ramón Pin, cuando habla de la etapa de la araña, en su afamada conferencia sobre “Los tótems de las fases de la vida del directivo” 

Dicen que si uno habla bien de sí mismo es petulancia, pero cuándo otros lo hacen de ti, el efecto es totalmente distinto. Y para que eso pase, además de hacer las cosas bien, te tienen que conocer, tienes que establecer relaciones, tienes que estar a la orden, como dicen en Dominicana, o simplemente a disposición de quien pueda necesitarte. Y responder. Uno de los mayores problemas de los directivos que se creen importantes es no descolgar el teléfono cuando tienen el poder, y esperar a que otros lo hagan cuando éste desaparece. Porque en ese momento, cuando pierdes lo que crees que te ha estado haciendo grande, la gente tiene derecho a no querer nada de ti. Y lo peor es que no te lo van a decir. Como mucho te dirán: vamos a ver lo que podemos hacer, déjame hacer un par de llamadas…; y con suerte se medio-sincerarán para decirte: si hubiera sido hace un par de años, pero ahora las cosas ya ves como están.

He contado alguna vez que cuando dejé de jugar en el Real Madrid de Basket, las llamadas en mi casa (porque obviamente no había móviles) descendieron hasta tender a cero. Cuando dejas de ser popular, cuando dejas el puesto, cuando dejas de “molar”, la gente te lo hace saber. Y esa es una vacuna que me pusieron hace treinta años.  Uno no puede vivir del cargo, de la tarjeta, de lo que aparenta. Eso es efímero. Uno, en esos momentos, tiene que aprovechar para hacer relaciones sanas, distinguir las interesadas de las sinceras, y armar el núcleo de gente que te acompañará pase lo que pase, gente de la que aprendes y con la que te gusta estar (y a ellos contigo). Eso que antes se llamaban buenos amigos.

Y para ello, toda ocasión es buena para tejer relaciones sanas que te aporten en el momento presente, de las que aprendas, y que estén en el futuro. Toda ocasión es buena para charlar desinteresadamente con las personas, sólo por el placer de conocerlas mejor y aprender genuinamente de ellas. Para eso, para ayudarte, no hay nada más barato que un café acompañado de una buena conversación.

Buena semana!!!   

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