Saltarse las Reglas

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Hemos hablado en anteriores post de la importancia de establecer las reglas para que un equipo funcione como tal. Decíamos que las reglas tienen que ser compartidas por el grupo, que tienen que ser coherentes y ayudar a conseguir los objetivos que nos hemos marcado. 

En un equipo de Baloncesto hay dos tipos de reglas. Una de ellas, las normas de funcionamiento básicas del equipo, que no siempre están escritas. En la mayoría de las empresas pasa un poco de lo mismo. No siempre hay un reglamento de régimen interno, o un decálogo de actuación o un código de ética o conducta. Yo animaría a quien aún no lo tenga a que lo haga. Ese tipo de normas, aún no estando escritas, las conocen todos los empleados desde los primeros días en los que se incorporan a la empresa. El otro tipo de reglas tienen que ver con lo que pasa en la cancha, con lo que cada jugador debe hacer. Sería el equivalente a las funciones de los diferentes puestos en la empresa.  Así, igual que un base sabe que su trabajo es subir el balón y pasar a la derecha en un determinado sistema, que es como llamamos en baloncesto al conjunto de movimientos que conforma cada jugada, un vendedor conoce a la perfección el suyo. Lo natural es que a la vez que uno asimila lo que ha de hacer, asimile igual de rápidamente lo que “no ha de hacer”, bien porque no se lo permitan o porque no le interese a la propia persona. 

En ambas circunstancias tenemos mucho por mejorar. El trabajador, al igual que le pasa al jugador de baloncesto, debe saber que cosas no ha de hacer en ninguna circunstancia, y que cosas, aún no estando entre sus cometidos, puede hacer si está en el contexto de una situación excepcional. Pondré un ejemplo muy gráfico. Un pívot de 2,16 centímetros no es el encargado de subir botando el balón al campo de ataque. No debe hacerlo. Imagine que el base está presionado, el resto de compañeros también, y su defensor se encuentra muy lejos de él. En una palabra, está solo con el balón. Quedan tan solo seis segundos para atravesar la línea de medio campo y que su equipo no sufra penalización. Si usted está viendo la jugada, rápidamente instaría al pívot a botar el balón, avanzar, y buscar una mejor situación una vez pasado el medio del campo y evitada la penalización. Pues bien, si usted fuese su entrenador, para que esto hubiese ocurrido, tendría que hacer generado un clima de confianza que le permitiera saltarse una de las normas que él conoce bien: El pívot no es el encargado de subir el balón. En ese momento, y en esas circunstancias, ayuda a su equipo haciéndolo. Pero, ¿y si se bota en el pie y pierde el balón? ¿Qué haría usted en ese momento? De su respuesta dependerá que tenga que revisar la flexibilidad de sus sistemas de trabajo. Porque si la cosa ha ido bien, el jugador/empleado nos ha sacado de un problema. Pero si la cosa ha ido mal, y usted decide reprenderlo por ello, tendrá un problema la próxima vez que ese jugador se encuentre en una situación similar. Difícilmente volverá a tomar la iniciativa. Le mirará a usted y le preguntará ¿Qué hago?, mientras el árbitro penalizará a su equipo. En baloncesto se dice que los sistemas, las reglas, están para seguirlos… y para saltárselos, cuando sea necesario. 

Hay una frase de Samuel Beckett que define mi forma de pensar en este sentido: “Inténtalo de nuevo: fracasa otra vez, fracasa mejor”. Las empresas deben dar libertad a sus empleados para que tomen decisiones, para que si es necesario se equivoquen y aprendan, para que intenten metas superiores, para que aprovechen las oportunidades… Si tenemos al equipo encorsetado en los movimientos, y no permitimos salirnos de ellos, estamos asumiendo un tremendo coste de oportunidad sin ser conscientes de ello. “No he tomado el pedido porque eso es cosa de Martínez. El cliente dijo que llamaría a otro proveedor y le dije que yo no podía hacer nada. No es mi cuenta”. ¿Qué puede motivar esta reacción? ¿Desinterés? ¿Miedo? Cualquiera de las dos le acaba de costar mucho dinero a su empresa. Si es por desinterés la culpa es del empleado. Si el motivo es el miedo, la culpa es suya. No lo dude. No ha sabido generar un cliema de confianza que haya permitido tomar el pedido aún a riesgo de equivocarse con el previo o la referencia…. Haga lo posible por corregirlo cuanto antes si no quiere seguir perdiendo dinero sin saberlo. 

Dotar al equipo de esa libertad para tomar la iniciativa, para arriesgar, para ayudar al equipo, para mejorar, tiene unos efectos positivos incalculables también para la persona. 

¿Qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo? Vincent Van Gogh

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