¡Estás despedido!

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Hace ya algunos años, charlando con un dirigente de un club de basket, oí por primera vez la expresión “we´re gonna cut you”. Osea, que te echamos, que estás despedido. Al parecer habría sido dicha en el transcurso de una conversación con un jugador de ACB, con el que no se estaba muy contento con su rendimiento. Me llamó la atención la frialdad con la que mi interlocutor, en un perfecto inglés americano, la dijo. Me imaginé por un momento la cara del sujeto que estaba siendo despedido. Hoy es muy usual este tipo de “cortes” desgraciadamente en los equipos, pero cuando yo la oí me sonó muy duro.

Estamos en una época en la que no sólo se “corta” a los jugadores en los equipos, sino en las empresas, que desgraciadamente no están pasando por sus mejores momentos. Me pregunto si existe algún tipo de protocolo, algún tipo de manual para despedir bien. Yo creo que hasta en estas cosas se ha de demostrar clase, se ha de demostrar al resto del equipo que, independientemente de las razones, hay un respeto por los jugadores que llega hasta este extremo de cuidar su salida.

En el verano de 2002 Alberto Herreros, el que fuera jugador de baloncesto en Canoe, Estudiantes, Real Madrid y la Selección, fue despedido del Real Madrid por Sergio Scariolo. Unos días más tarde, el club prescindió de Scariolo, rescatando al jugador que el año siguiente metería el triple que le daría la liga en Vitoria. Dicen las crónicas del momento que lo despidió en un vestuario, así de golpe y porrazo, tras confiarle que ya no contaba con él, que su tiempo había acabado.

Ayer leí esta noticia que me recordó a aquel episodio: El segundo de Ancelotti, despedido en un descanso 

Debió pasar algo así: Ray Wilkins, el segundo entrenador del Chelsea, entra al vestuario en el descanso  de un partido contra el Bayern Münich y le avisan que quiere hablarle su jefe ejecutivo, el que manda junto a Roman Abramovich. “No hace falta que vuelvas al campo la segunda parte, estás despedido”, le debieron decir allí. 

Pensando en cómo habría sucedido de verdad, me acordé del “we´re gonna cut you” de mi amigo. A continuación, el bueno de Wilkins se pondría sus pantalones de calle y su camisa de cuadros, recogería la taquilla, entregaría las llaves y se marcharía a casa en taxi: Mujer, me han despedido.

Sentí un profundo afecto por este hombre del que era la primera vez que oía hablar. Me parece que tiene que haber mejores momentos, lugares, formas y procedimientos, para transmitirle a un empleado que ya no cuentas con él. 


Los motivos dan igual, ¿o no? 
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