De las musas al teatro

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Dentro de nada hará cuarenta años de la desaparición de Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda, el genial poeta chileno. Hoy leí este poema suyo gracias a un dibujo que encontré en el muro de Andreu Mateu, todo un ejemplo para mí de no morir lentamente, sino de lo contrario, de vivir una vida rica en múltiples experiencias.


Os dejo con el poema:

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las «íes» a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.



Ya sé que para mucha gente las cosas no están para poemas, pero no puedo encontrar en estas líneas más que sabios consejos, que no han perdido ni un ápice de vigencia desde que fueron escritas. Nada más acabar de leerlo, he pensado que esto debería ser el eje de una asignatura en los colegios, de forma obligada, algo así como una troncal que animara a los estudiantes a explorar, a no conformarse, a indagar, a preguntarse los “por qués” y los “para qués”, …


Yo tuve la suerte de tener una profesora que nos enseñó como “no morir lentamente”. Con Ángeles Rodríguez Ley, que así se llama, sigo teniendo contacto. Fue una extraordinaria profesora de Historia y Geografía y hoy es una muy buena amiga. De ella aprendimos que ser adolescente no significaba tener extirpados el sentido común y la capacidad crítica del cerebro, ni siquiera temporalmente. Sé que hoy, veintiocho años después de que me diera clase, muchos alumnos actuales siguen agradeciéndole esa impagable enseñanza.


Quizá es por eso que para mí salir, viajar, hablar con desconocidos, iniciar nuevos proyectos, cambiar, arriesgar, son maneras de mantener vivos mente y cuerpo. La adrenalina que estas actividades genera, se ve después recompensada con la aparición de las endorfinas, las que nos regulan la sensación de felicidad, calma y sosiego. Son como una droga. Una vez que has probado sus efectos, ya no puedes dejarlo. 


Tensión y calma, dos estados que nos mantienen en la vida. Dos estados que nos alejan de la lenta muerte de la que habla Neruda. Ahora sólo quedaría pasar del papel a la acción, o por citar a otro grande, Lope de Vega, pasar de las musas al teatro.



Buena semana!!!!

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