De acertar o aprender

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“Los errores son sólo decisiones sobre las que tenemos algo que aprender”. Con esta frase cambiaba una escena de los dibujos animados norteamericanos de la marca Disney “La Banda del Patio”. Gretchen Grundler, que es como se llama una de las protagonistas, dice esta magistral frase intentando convencer al resto de que equivocarse no es malo, que no se sientan mal por haberlo intentado y no haberlo logrado. Equivocarse no es malo, lo malo, para mí, es no intentarlo. Hay muchas personas que no toman decisiones por no equivocarse, para no tener que elegir abandonar una situación difícil, pero conocida, en pos de un incierto futuro. Muchas de las personas que conozco han ido acompañando a los avatares de la vida, en lugar de provocar el futuro, su propio futuro.

Hoy he mantenido una conversación curiosa con un vendedor de una tienda de muebles. Tras decirme que lo que quería comprar tenía 15 años de garantía, le contesté casi de seguido: “¡Vete tú a saber dónde estaremos dentro de 15 años!”. La respuesta ha sido inmediata: “¡Donde queramos!” Rápida y nítida, que dicen por acá en la República Dominicana. “Estaremos allá donde queramos”, ha repetido. “¿Estás seguro?” Le he preguntado con intención. “Claro que sí. Yo soy de los que piensan que el futuro lo vamos forjando cada uno”. “No puedo estar más de acuerdo”, le he dicho.  De ahí hemos derivado a la dejación de funciones de la creación del propio futuro por miedo a equivocarnos. Sin embargo, cuando uno se equivoca descubre algo que no debería haber hecho, algo que debe ser modificado para no persistir en el error. Este “algo” es un bien impagable, que sólo aparece después de haberlo intentado. Dicen que el ser humano es el único animal que aprende experimentando de sus propias vivencias. A mi me gusta mucho una frase que dice que “Experiencia es aprender de los propios errores. Sabiduría es aprender de los de los demás.” Los mejores logros que podemos encontrar como seres humanos han llegado fruto de mucho error anterior. Cada plano de cada casa, cada pieza del Mac con el que escribo esto, cada tornillo de cada avión, son fruto de muchas horas de ensayo y error de alguien, para que otros lo aprendieran y replicaran con éxito. No hay éxito sin fracasos previos. 

Hace unos días hablábamos de ello en una de las clases que di en Barna Business School, la escuela de negocios de acá donde estoy ayudando a desarrollar un importante proyecto desde hace ya algún tiempo: Fracasar, equivocarse, errar, son sólo formas de aprender. Es verdad que todo aprendizaje tiene un coste, pero también tiene sus ventajas. Cuando uno inicia una actividad, la sombra del fracaso siempre le sobrevuela. Es normal. Además, la enseñanza que hemos recibido nos prepara para tener un plan B si el A nos sale mal. No se nos preparó para imaginar triunfos, sino para prever fracasos y poder anticiparlos, evitando catástrofes mayores. En vez de prepararnos para el éxito, estamos preparados para la desgracia. Yo creo que, por eso, la satisfacción que el ser humano observa superando retos, aparcando miedos, consiguiendo hitos, eliminando angustias, dejando a un lado perezas limitantes, no se puede comparar con nada igual. El orgullo que supone haberlo intentado, haber dado el paso, y estar aprendiendo cientos, miles de cosas cada día, que antes no imaginaba, no tiene igual. Mi buen amigo Pablo dice que siempre hay que intentar cosas nuevas. Lo que sabes hacer, ya lo sabes hacer, y siempre puedes volver a ello. Cuando das pasos que te llevan a aprender, ya tu forma de ver las cosas no es igual. Cuando tú cambias, el mundo cambia contigo. Por eso, parafraseando a Paco Muro, entre “ir o no ir”, yo siempre prefiero ir. “Yendo” siempre descubres cosas, siempre aprendes algo, siempre vuelves con más de lo que llevaste, bien sea amigos, experiencias, negocio, vivencias, contactos, conocidos, nuevas rutas, nuevas gentes, reacciones distintas, algún que otro disgusto…. Todo suma. En positivo. Todo te hace más grande, mejor, más completo. Mi colega brasileña Leila Navarro, con quien comparto editorial, lo dice en sus Road-shows: “Yo nunca me equivoco. Yo cada día, o acierto, o aprendo”. 

Vivir es elegir. Yo elijo aprender y estar en movimiento. ¿Y tú?

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