Y ahora, ¿qué vais a hacer?

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Así es como acaba Al Pacino este corte de una ya famosa película sobre un equipo de fútbol americano. Esta es la frase con la que se comienza cualquier sesión de coaching. ¿Hacia dónde quieres ir? ¿Qué quieres hacer? ¿Qué vas a hacer?
Eso es lo que más me gusta de esta disciplina del coaching, que no mira para atrás, que no analiza cómo hemos llegado hasta aquí, que no juzga los errores y aciertos que nos han traído, sino que mira hacia delante, hacia lo que podemos hacer para obtener lo que deseamos. He tenido la oportunidad de ver esta escena unas cuantas docenas de veces mientras he explicado en ponencias, cursos o conferencias mi forma de ver la dirección de equipos. A personas adultas, maduras laboralmente, no les puedes decir cada día el qué y el cómo. Dirigir personas, liderar equipos, tiene que ver con dar y pedir el “qué” más que con repetir machaconamente el “cómo”. Al Pacino no necesita repetir la jugada. Los jugadores las saben de memoria. No les dice el cómo. Sólo insiste en el qué, pero estimulando el deseo de salir a morder, de salir a ganar, de una forma extraordinaria. Si alguien tiene clara su meta, si tiene sensación de que el logro está al alcance, saldrá a por él. Pero no se puede hacer trampas. Nadie entendería que la última línea del campo de fútbol americano se fuera llevando unas pulgadas más allá cada vez en pos de alargar el espectáculo para seguir haciendo caja. Porque de ese modo estamos haciendo trampas, el público lo ve y se aburre de que nunca se acabe el juego, los jugadores se sienten estafados, se agotan, y el juego se rompe. Por seguir estirando el chicle, nos hemos quedado sin juego. Eso es lo que nos ha pasado. Muchos jugadores están ahora sin equipo. Algunos otros entrenan cada día con la esperanza de que esto cambie y no les llegue el recorte. Hay entrenadores que no se explican qué ha pasado y también tuvieron que dejar sus despachos hace tiempo.
Lo bueno del coaching, como ya he dicho, es que no repara en cómo hemos llegado hasta aquí. Nos da igual. Estamos aquí, y queremos estar en otro sitio. ¿Cómo hacerlo? Ojo, la pregunta es trampa. Es lo que está esperando medio país. Recetas. El cómo y no el qué. Es oportuno hacer referencia a la famosa frase de Kennedy: “No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país”. ¿Hay alguien a estas alturas que crea que alguien le va a sacar de su problema? ¿Qué alguien le va a tender una mano mágica que le ahorre sufrimiento y dolor? ¡Ni de coña!
Reparemos en nuestro ¿qué voy a hacer para conseguir mi particular reto? En la frase del coach de la peli: y ahora, ¿qué vais a hacer? Fijarse un reto, pensar en las cosas que me faltan para conseguirlo, saber qué cosas he de dejar en el camino que ya no me sirven para este viaje, luchar por obtener lo que me hace falta y ponerme un plan de acción es algo que abandonaré en unas horas si intento hacerlo sólo. Hace unos años, un buen amigo me preguntaba. ¿Alguien se ha preguntado porque tienen tanto éxito las cadenas de adelgazamiento tipo Natur House? Pues porque no estás sólo, me respondió. Tienes una “mosca cojonera” cada semana chequeando tu cumplimiento con tu propio compromiso. Nadie te obliga a ir y pagar. La gente va porque es la única manera de perder peso. Y de eso va este post. Una de las mejores maneras que he conocido para conseguir un reto, para pelear por lo que deseas, es no estar sólo en el vieje. Un coach te acompaña en tu proceso, no te da recetas, no te da consejos, no te dice el cómo. Ni siquiera el qué. El qué es de cada uno. El coach te compra tu compromiso con tu qué y te ayuda a que diseñes la mejor manera de conseguirlo para ti, en función de lo que eres, de lo que quieres y de lo que estás dispuesto a hacer para conseguirlo.
Como todas las actividades que proliferan con rapidez, hay un riesgo de no encontrar un coach bueno, hay riesgos de encontrar personas que no hagan bien este trabajo. Hay que asegurarse de con quien viaja uno, del compañero que te va a acompañar en este viaje en la búsqueda de tu reto profesional o personal.
Yo he descubierto a través de mi proceso de certificación como Coach Ejecutivo una extraordinaria manera de ser útil a los demás, de ayudar en retos poderosos, en asuntos complejos, de asistir a las personas para que lleguen a metas otrora inalcanzables… Me encanta ver a las personas que definen sus qués, que trabajan en sus cómos, y ver que consiguen lo que se proponen. Es lo mejor que podemos hacer en estos momentos por nosotros mismos.
Y ahora, ¿qué vais a hacer?
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