Una mirada atrás

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Acabo de terminar de ver un partido ya mítico: La final de la Copa del Rey de Baloncesto de la temporada 88/89 del Madrid de Fernando Martín y Petrovic. Se la ganaron al Barcelona por 4 puntos de diferencia.

No cabe duda que ver jugar a Petrovic y Martín juntos ha sido un gustazo. Fue su primer título juntos, ya que aún ganarían en el palacio de la Paz y la Amistad de Atenas meses después la Copa Korac con un Petrovic anotando 62 puntos. Después tendrían un trágico y llorado destino común, aunque Fernando, como en muchas otras cosas, se adelantara a Drazen. Me he emocionado con el partido, con un Lolo Sainz en su última campaña en el banquillo blanco, con un jovencísimo Joe Llorente que hizo un espectacular papel… Ha sido una gozada poder volver a ver el duelo de Audie Norris con Fernando Martín. Salían chispas en cada ataque. Siempre he tenido la sensación que era tal el respeto mutuo, que ninguno de los dos buscaba herir al contrario, sino pasarlo por encima, ganarlo, ¡como fuera!. Eran dos ganadores. Aún recuerdo en la acera de la ciudad deportiva del Madrid, haciendo cola como uno más, a un enorme Audie Norris en una fría mañana de Diciembre, pertrechado con una no menos enorme gabardina, para dar el último adiós a su respetado rival cuando Fernando murió.

Sin duda, la raza, el espíritu ganador de Fernando Martín es el que nos impulsó a muchos a creer que podíamos hacer más, a creer que el único límite estaba en la mediocridad en la que jamás podíamos instalarnos. ¡Gracias por el ejemplo!

Muy divertidos los atuendos vistos con perspectiva. Las camisetas de tirantes, de las de toda la vida, los pantalones bien cortos y ajustados, las míticas Adidas Top Ten…
Absolutamente inimaginable hoy la publicidad en el campo: J&B, Larios, Ponche Caballero, Adlerbrau y ¡Winston! Y Lolo, en su flamante jersey, llevaba el anagrama de la marca de tabaco en unas considerables dimensiones. Por cierto, que el presentador Pedro Barthe destacó que Aito García Reneses, el entrenador del Barcelona, ¡llevara traje!. Hoy todos los entrenadores y cuerpo técnico lo llevan…. Me ha hecho mucha gracia comprobar que ya hace 21 años, Pedro Barthe tenía la misma animadversión al Madrid que cuando acabó su carrera de comentarista. Hay cosas que nunca cambian…

Del partido, de la enseñanza que podemos sacar vista la evolución de este deporte, la televisión sobreimpresiona en el descanso los puntos de los “titulares” frente a los reservas. En el Real Madrid los 43 puntos con los que se llegó al descanso los habían metido entre los cinco jugadores que salieron en el quinteto inicial. Pero es que los reservas casi no jugaron en la primera parte. Ahora sería impensable. Los cambios permanentes dosifican el esfuerzo de los jugadores, dosifican las faltas cometidas, les permite descansar, tomar aliento, pensar, “afilar su hacha”… Fernando Martín jugó todo el primer tiempo, y del segundo sólo estuvo sentado en el banco dos minutos. El tiempo que tardó Fernando Romay en ser expulsado por cinco faltas y Martín hubiese de salir de nuevo. 38 minutos en pista. Hoy es rarísimo ver al mejor jugador en la cancha el 99% del tiempo del partido. Afortunadamente, los roles tampoco están tan marcados. Los jugadores son reservas o titulares dependiendo del partido, dependiendo de la estrategia, de lo que el entrenador necesite ese día. Y por supuesto no es para siempre. Los jugadores cambian con muchísima frecuencia. A veces salen incluso para un solo ataque y vuelven a sentarse. Es curioso ver con tanta perspectiva como ha cambiado todo. Sólo así se explica lo que el doctor Del Corral decía en el descanso del partido: “No tenemos tiempo de recuperar a los jugadores. Con tantos partidos y los entrenamientos, los jugadores acaban rotos”. Y decía otra cosa reveladora: “¡No podemos dejar de entrenar!” Venía a decir que se podían rebajar el nivel de partidos, pero no el de entrenamientos. (Leer mi post anterior)

Hoy en las empresas, como en los equipos, ya no hay un solo líder, una sola luz que guíe. Los buenos resultados llegan por la labor del conjunto, porque cada uno hace en cada momento lo que le toca de la mejor manera posible. Los 28 puntos que metió Drazen en este partido no le habrían servido de nada a su equipo sin los tapones de Romay, sin los tiros de media distancia de Martín, sin los ventidos puntos de Rogers, sin la defensa de Cargol, sin los contraataques de Llorente….. Por cierto, con el tiempo la gente se ha quedado con que Romay era malo. ¡Que va! Hizo buenos puntitos y algunos buenos movimientos….. (es que como fui pívot quiero defender su rol).

Acabo con el agradecimiento a este fabuloso deporte, lleno de altibajos, de momentos intensos, de momentos de mucho stress que han preparado a mucha gente a incorporarse a la “vida civil” con mucha ventaja para momentos de zozobra generalizada y desmoralización como los que estamos viviendo. Veamos un partido de basket y saquemos enseñanzas…..

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