Tiempos de cambio

Share on linkedin
LinkedIn
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Que vivimos tiempos de cambio convulsos no es una sorpresa para nadie. Que las tecnologías están ayudando o impulsando estos cambios tampoco. Que el mundo hoy no se parece, no sólo al de antes de la caída del muro de Berlín, sino al de días antes del desgraciado episodio de las Torres Gemelas, no es una novedad. La sociedad civil se adapta como puede, y con ella el mundo de la empresa. No queda otra. Adaptarse o quedar anclado en la más absoluta indiferencia para quienes están empujando y promoviendo cambios.

Leía hace unos días que por primera vez en la historia estamos conviviendo cuatro generaciones diferentes en las empresas: Los Tradicionalistas, los Baby Boomers, la generación X, y la generación Y. Estamos esperando a los Millenials, que al paso que vamos con el tema de jubilaciones, antes de que los viejos se hayan podido ir, ya los tendremos en las empresas. Cuando hablamos de la gestión de los RRHH, estamos hablando de gestionar las voluntades de las personas, y éstas están muy ligadas a las inquietudes, las preferencias, los anhelos, del tiempo al que representan. No tiene nada que ver la motivación de un Baby Boomer, de la de un joven de la generación Y. 

Entender y ser entendido

No abundaré mucho en esto porque ya hay mucho escrito sobre ello. Sí diré que para mí no hay otra clave que desarrollar en cada grupo la milagrosa fórmula de entender y ser entendido. Y entrenarlas. Muchas veces no entendemos a los diferentes, y por supuesto, ellos no nos entienden a nosotros. Pero en el tiempo que estamos viviendo, no nos queda otra. O lo hacemos o, como decíamos con los cambios, estaremos sentados sobre una nave ingobernable. Este es el reto de los directivos actuales. Entender y hacerse entender. A esto hay que sumar otro importante factor propio de nuestros tiempos: la movilidad geográfica de los profesionales. En los últimos tres años he trabajado con personas de más etnias, países, procedencias y por supuesto edades, de lo que lo había hecho en mis veinticuatro años anteriores juntos.

Respeto a lo diferente

Ante esto no queda otra de volver, ahora sí, a algo que ha dado siempre buen resultado a quien lo ha practicado: El respeto por las opiniones del otro. Hace años que escribo que ya la antigüedad no lo es todo. Ser el más veterano ser el que más “sabe”, ya no es garantía de éxito en los tiempos que corren, precisamente porque igual las soluciones a los problemas de siempre no serán las soluciones de siempre. Sin embargo el respeto no ha caído en desuso, no ha pasado de moda. Desde el respeto al otro se puede no estar de acuerdo, se puede discutir y se puede negociar. Desde el respeto se puede aprender. Cuando no hay respeto por las opiniones del otro no hay aprendizaje. 

Vivimos unos apasionantes tiempos de cambio en los que la capacidad de adaptación, la voluntad de entender y el respeto van a cobrar más importancia que nunca. Tres competencias que, de no tenerlas, se pueden desarrollar. 

¿Cuándo empezamos a entrenarlas?

Share on linkedin
LinkedIn
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Más para leer

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *