Breve Paréntesis

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Hoy he estado en París. 40 años más tarde he vuelto a París de nuevo. Lo he hecho igual que lo hice antes: sin salir del aeropuerto. Claro que entonces tenía tan sólo algunos meses, y obviamente no podía contarlo. Hoy he pasado de camino a Filadelfia. Me voy a sumergir aqui en un completo programa de “Finance, Marketing and Public Relations”.Quiero pasar dos semanas de entrenamiento al más alto nivel. Dos semanas de retiro en las que cargar pilas, adquirir nuevos conocimientos y disfrutar de lo que será una experiencia única.

Antes de nada quiero agradecer a las personas de La Salle IGS la oportunidad que me brindaron en su día al proponerme participar como profesor de Dirección Estratégica en su prestigioso MBA internacional. Gracias a eso he podido asistir con los alumnos en su estancia en Filadelfia.


Hay cosas que uno cree que ya no va a tener la oportunidad de hacer. Disfrutar de una estancia en un hermoso campus universitario, escuchar a muy buenos profesores, aprender de la diversidad de los asistentes, vivir, en una palabra, esta experiencia, está siendo sin duda algo apasionante.

¿Por qué pedimos a las empresas muchas veces que inviertan en nuestra formación si nosotros no estamos dispuestos a hacerlo por nosotros mismos? En algún otro post anterior he hablado de la importancia que creo que tiene el entrenamiento continuo, de las necesidad que tiene el profesional de estar al día de las nuevas tendencias, de nuevas técnicas con las que resolver nuestro día a día. Hoy, más que nunca, hemos de buscar nuevas soluciones a problemas con los que jamás nos habíamos enfrentado. Si en este mercado que hoy se ha puesto tan cuesta arriba no hacemos nada, hemos de saber que estaremos fuera del mismo más tarde o más temprano.

Hace unos meses hablaba con un colega de trabajo sobre “escaleras mecánicas”. Él me decía que hasta ahora estábamos acostumbrados a subirnos a ellas, agarrarnos a la cinta, y en un rato estábamos más arriba. Pero en mitad de la subida, de repente, nos han cambiado el sentido de la escalera. Ya no sube, ahora baja. Si queremos subir al piso de arriba (parece que arriba siempre está lo bueno), no nos sirve con quedarnos quietos. Quedarnos quieto sólo nos garantiza una cosa: que bajaremos, y además, mucho más rápido de lo que habíamos subido. Tampoco sirve en ese caso agarrarnos fuerte de la cinta, ya que eso no nos garantizará ni subir, ni mantenernos. Si nos agarramos con fuerza a la cinta que antes nos subía, a nuestro esquema mental sobre como hacer las cosas, bajaremos de igual modo.

Por tanto no queda otra que ponernos a subir en contra de la escalera. ¿Alguien lo ha probado? Cuesta coger el ritmo al principio, pero al rato es muy divertido. Si pones empeño, si mueves las piernas más deprisa que lo que la escalera baja, no sólo empiezas a ascender, sino que vas viendo como el resto sigue bajando con caras desencajadas. Muchos de los que antes subían rápidamente, sin ningún esfuerzo, ahora están de vuelta, están bajando.

Pero…, pueden dar media vuelta e intentar subir ellos también, ¿no? Sin duda, pero esos supone un esfuerzo que alguno de ellos, “a estas alturas”, ya no está dispuesto a querer hacer. Y si es por eso, pues nada, que sigan bajando.

También ves personas bajar a las que las circunstancias se les han puesto adversas y están tomándose un tiempo para pensar, para decidir cual es el siguiente “piso” al que aspiran llegar. Estas personas, tarde o temprano, descubrirán una buena oportunidad para cambiar, para empezar a subir de nuevo, porque lo buscan cada día. Más que preocuparse de la situación se ocupan de cambiarla.

Yo, por el momento, he venido a entrenar, a hacer un poco de “prepa”, como llamábamos en basket a la preparación física. Al fin y al cabo, si uno ha de subir en algún momento la escalera al revés, siempre es mejor que te pille en forma….

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