Atacar vs. Defender-se

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Para ganar un partido de baloncesto hace falta que el rival nos meta un solo punto menos de los que metamos nosotros. Se puede ganar un partido con la defensa. Por tanto defender y ganar no son términos opuestos como cabría pensar. Pero para que esto sea verdad, para que se cumpla, hay que salir al campo a ganar, con mentalidad de triunfo, de lucha y de victoria. Hay que salir a defender para ganar.

La otra alternativa es salir al ataque. Ya se sabe que a veces la mejor defensa también puede ser un buen ataque. ¿Por qué tanto empeño entonces en la defensa? Por distinguir salir a defender de salir a defender-se. Son dos cosas muy distintas. Si uno sale a ganar, es muy posible que lo haga. Dependerá mucho del rival, de cómo esté el equipo, etc… pero la motivación es extraordinariamente poderosa, y si uno sale a ganar es muy posible que lo consiga. En baloncesto tenemos muchas pruebas de equipos muy modestos que han ganado a equipos poderosos tan sólo haciendo uso de una mentalidad ganadora. Si por el contrario, uno sale a empatar es muy probable que pierda. La mitad de las posibilidades de ganar las habrá perdido antes de salir. Salir a empatar no es salir a defender. Es salir a defender-se.

¿Cuántas personas conoce en el mundo de la empresa que comienzan cada día con ánimo de defender-se? Muchas personas manejan una increíble lista personal de excusas y argumentos que explican su posible fracaso. Pero lo peor de todo es que llevar las excusas previstas nos garantiza que habremos de usarlas con mucha seguridad. Que perderemos.

En una ocasión oí un reproche en un directivo que decía: “No se os paga el sueldo que se os paga por contarme porqué van mal las cosas. Vuestro sueldo se paga para que hagáis que las cosas vayan bien” En general tendemos a encontrar una magnífica explicación para eludir nuestras responsabilidades: El petróleo está caro, el mercado es muy maduro, la competencia acecha, tengo pocas herramientas,… La explicación es sencilla. Salimos a defender-nos.

Alguien que sale a ganar el partido sabe que tendrá que luchar contra las inclemencias, que se va a encontrar muchos obstáculos en el camino, que va a tener que sortear dificultades, pero sabe que está dispuesto a hacerlo y a no dejarse vencer fácilmente.

Cuando David pensó en hacer frente a Goliat tenía tan sólo su honda y su destreza para ahuyentar con ella a los lobos. Pero Goliat era un gigante. Un gigante armado y poderoso. Alguien a quien nadie nunca había conseguido vencer. Si David hubiera salido a defender-se, Goliat habría pasado por encima de él en sólo unos minutos.
Algo parecido debió pensar Rafa Nadal cuando se enfrentó a Roger Federer en Winbledon recientemente. Estaban en el feudo de Federer, Rafa había ganado los dos primeros sets y Federer, tras demostrar porqué era el número uno, había empatado a dos sets el partido y estaban jugando el último para desempatar. Rafa estaba exhausto, en un terreno que no era el suyo (pista rápida), tras más de cinco horas de partido y con un Federer muy sólido que apenas fallaba. En ese momento, cualquier otro podría pensar: “Me voy a casa. Soy el segundo de mundo. Este tío es una máquina. Yo le gano en tierra batida, pero él aquí es imbatible. Y todo el mundo lo va a entender. Nadie va a reprocharme no haber hecho todo lo que ha estado en mi mano. Saco éste, y si lo pierdo me voy a casa y descanso”. ¿No es una magnífica lista de excusas? A mi me parecen muy buenas. Sin embargo lo que se le debió pasar por la cabeza fue: “Hoy de aquí me tiene que sacar con una pala excavadora. No dejo pasar una bola salvo que esté muerto. Es mi oportunidad para arrebatarle el número uno del mundo. He llegado hasta aquí con mucho sacrificio y esfuerzo personal. No puedo defraudar a todos los que me han ayudado y me siguen. Y no me puedo defraudar a mi mismo”. Y ganó. Y es el número uno del mundo. A eso lo llamo yo la diferencia entre salir a ganar o salir a defender-se.

Salgamos a ganar cada partido, cada set, cada juego, cada punto, cada bola. Sólo así conseguiremos el triunfo. Nuestro personal triunfo diario.

© Raúl Castro

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