¡Arbitro, dame tiempo muerto!

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Mucho se habla estos días de CRISIS. Y mucho de oportunidades, aunque aún lo hagamos en minúsculas, sin el necesario convencimiento que nos permitiría decirlo en voz alta, en mayúsculas. También somos conscientes que esta es una situación que los que andamos por los cuarenta y por encima ya hemos vivido a principios de los 90. ¿No era igual? Será visto desde ahora. No hay más que recuperar las hemerotecas y ver la angustia con la que se vivía entonces una de las crisis también más difíciles que por entonces se recordaban. Pero la memoria es frágil y se olvida con facilidad cuando las cosas van bien. En este partido de baloncesto que es la vida se pasa por etapas. En aquella llegamos a perder de 20 puntos y nos parecía que el partido era irremontable. Quizá fue el cambio de entrenador en las elecciones del 96, tal vez la conciencia colectiva de todo el equipo, o quizá ambas cosas juntas las que consiguieron que todos nos conjuráramos para intentar ganar el partido. Porque era posible. Y lo hicimos desde el convencimiento y la imperiosa necesidad.

La clave no fue otra que la de siempre, la de los clásicos guerreros, la de los valientes luchadores: Sacrificio, esfuerzo, compromiso… En términos militares se hablaría de Actitud, rigor y disciplina. En términos coloquiales de trabajar duro y mirar hacia delante. En baloncesto se podría decir que lo hicimos bajando el culo, apretando los dientes, defendiendo a muerte y corriendo al contraataque. Pues eso, que se puede decir de muchos modos, pero el caso es que nos pusimos manos a la obra y lo hicimos.

Y eso nos permitió ponernos por encima en el marcador. Primero igualamos el marcador y nos pusimos a la altura de nuestros competidores. Entramos en Europa por la puerta grande, de la mano de los grandes aunque aunque aún nos prestaran para jugar en ocasiones las zapatillas que a ellos se les iban quedando pequeñas. Y, muy latino, nos crecimos. Y nos creímos que éramos el culo del mundo. Y bajamos la guardia, y nos dedicamos a ir diciendo lo buenos que éramos en vez de seguir defendiendo. Y en vez de seguir buscando buenas opciones de tiro, nos dedicamos a tirar “manoletinas” a soltar el balón con la izquierda, a intentar hacer mates de espaldas… ¡Total, llevando tanta renta en el marcador nos podemos permitir esto y más!!!!!! Pero las cosas cambian, el escenario se ha hecho mucho más competido y para colmo empieza a llover y a todos nos cuesta seguir jugando. Al enemigo también, pero alguno de ellos viene de currar duro, de sudar la camiseta mientras nosotros estábamos en la banda firmando autógrafos. Y en eso nos damos cuenta que así, a lo tonto, nos han metido un parcial de 15-0. Y no nos entran los tiros, ni los libres, y como a todo perro flaco, parece que encima nos llueve más a nosotros.

Es el momento de pedir un Tiempo Muerto, de tomarnos nuestro particular Tiempo para Decidir, y rehacer la estrategia. Quizá baste sólo con recordar que es lo que hay que hacer, quizá achuchar a los que hayan olvidado que aquí se viene a currar. Igual hay que hacer algún cambio…. Es tiempo de volver a los valores de toda la vida. Del sacrificio, el esfuerzo, la disciplina, la lealtad, el compañerismo. De acordarse de que es posible, que ya lo hicimos y que podemos volver a hacerlo. Y si el entrenador no pide el tiempo muerto, él verá, ya lo echarán del club cuando quizá sea tarde. Pero no sirve de excusa. Si él no lo hace siempre podemos aprovechar un balón que se ha salido, o que limpian el suelo, o que el otro equipo hace un cambio, para reflexionar: ¿en qué soy bueno? ¿en que puedo ayudar? ¿en que puedo colaborar? ¿en que he de mejorar claramente? ¿Qué cosas he de hacer para ganar? ¿y cuales he de dejar de hacer ahora mismo? ¿cómo voy a defender la siguiente bola? ¿cómo voy a pedir el balón en la siguiente jugada? ¿cómo voy a atacar contra esa zona que se me ha atragantado?

Podemos esperar que el tiempo cambie, que deje de llover, podemos maldecir al equipo contario, incluso al árbitro, podemos tirarnos de los pelos por las oportunidades perdidas, pero ¿de qué serviría? De nada. Nos ayudaría a perder por más diferencia aún.

Tenemos partido por delante. No está todo perdido. Tan sólo necesitamos bajar el culo, apretar los dientes y correr. Por más vueltas que le demos, no hay otra receta. Así que eso, que ya ha pitado el árbitro, volvamos a la cancha.

¡Suerte!

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