Aprendiendo a desaprender

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Dicen que a los niños se les hacen largos los días porque no dejan de aprender cosas. A los adultos se nos pasan los días, los meses, sin darnos cuenta, porque seguimos rutinas, patrones aprendidos, que hace que no tengamos sensación de que el tiempo se va.

 
Para los que somos inquietos, aprender cosas es una de las experiencias más gratificantes que se pueden sentir.  A medida que los seres humanos crecemos y acumulamos experiencias, podría parecer que el margen de aprendizaje se estrecha, y nada más alejado de la realidad. Hoy es muy posible que el primer paso que haya que dar para aprender algo sea desaprender lo aprendido. 
 
Al igual que cuando alguien desea mejorar su swing en el golf ha de empezar de 0, o quien aprendió a conducir sin ayuda ha de empezar por el principio con el profesor de autoescuela si quiere eliminar vicios adquiridos, muchas de las cosas que aprendemos requieren desaprender lo aprendido con anterioridad. 

 

Y aquí va otro aprendizaje: Aprender a desaprender. Desaprender requiere de una buena dosis de humildad para darme cuenta y aceptar que lo que yo sabía, aquí y ahora ya no sirve. La experiencia, como he escrito en este post otras veces, ya no es un grado. Si acaso, empieza a ser un problema en ocasiones, ya que te ancla a viejos paradigmas que hoy no nos son válidos. De poco sirve el mapa de Londres en París. Pero no es fácil darse cuenta de eso. No es fácil gestionar que lo que te fue bien en el pasado, lo que te hizo exitoso, lo que te sirvió en otras latitudes, hoy no aporta ningún valor, sino mas bien no ayuda nada. Más que un salvavidas, a veces la experiencia es un lastre que te puede llevar al fondo si no eres capaz de soltarlo a tiempo. Y no es un proceso sencillo. De ahí la dificultad de desaprender.
 
Sin embargo, las ventajas que tiene hacerlo superan con creces a los inconvenientes. En primer lugar, por la gratificación del resultado, del logro, y por la toma de conciencia del nuevo nivel adquirido. En segundo lugar por la libertad que proporciona. Es más libre quien más puede elegir, y por tanto si sé hacer una misma cosa de dos maneras distintas, soy más libre que si estoy sujeto a solo una. Y en último lugar, porque esto del cambio es adictivo, y una vez que he conseguido librar obstáculos, gestionar incertidumbres y miedos, dar con soluciones distintas, ya estoy preparado para el siguiente cambio. Y eso, en este mundo tan cambiante, es una ventaja frente a quien no está entrenado en tal tarea.  
 
Alvin Toffler apuntó aquello que decía: “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender”. 
 
Lo que hay tras los cambios, lo que hay más allá de la zona de confort son siempre experiencias intensas, de las que generan aprendizaje… Mi amiga Rebeca Rayo me mandaba estos días este dibujo que comparto. Las cosas mágicas de las que hablaba con Rebeca aparecen cuando uno cruza el umbral de la zona conocida, del territorio explorado, cuando uno desaprende para reaprender.  
 
Buena semana!!!

 

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