Aprender del deporte… o no….

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En ocasiones me meto en “fregaos” por algún post. Este promete. Estoy siguiendo con mucho interés el Eurobasket de Lituania estos días, poniendo el foco en mis dos pasiones: El deporte en sí, y su aplicabilidad al mundo de los negocios.


Ganando a Francia nos metemos en unos cuartos de final bastante asequibles, a un paso de ponernos a pelear por medallas. Esta es la lectura que se habría hecho hace unos años, cuando nuestra confianza en las posibilidades de los equipos españoles que competían por ahí eran muy escasas. Hoy solo se habla de ganar cuatro partidos, los que nos quedan (el de hoy, los cuartos, las semis y la final), y volveremos a ser campeones de Europa. Esta es la forma de pensar de los campeones, de los que no necesitan las cuentas para que el azar nos ayude a pasar fases, de los que confían en sus posibilidades y salen a ganar desde el primer minuto. Si se hace eso, la calidad y el tiempo hacen su parte del trabajo para situarnos en lo más alto del podio.

Afortunadamente, esto no solo pasa en baloncesto. Hoy, otro español, Fernando Alonso, saldrá cuarto en la parrilla para intentar ganar una carrera en “su otra casa”, la de Ferrari, y luchar siquiera por el segundo puesto del campeonato del mundo. Mañana, Rafa Nadal jugará por hacerse con el prestigioso US Open de Tenis. Cada fin de semana Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa, Marc Márquez, Nico Terol, nos dan alegrías en motociclismo. Gente que sale a luchar, gente que se prepara, que busca el éxito cada día, que no espera a un golpe de suerte. Todos ellos son personas que entrenan duro, que buscan mejorar cada milésima, cada centímetro…. Tenemos muchos más ejemplos, e intentar citar a todos sería injusto porque seguro que me dejaría a muchos: Gemma Mengual, Gervasio Deferr, Alberto Contador, Sergio García…. Es que hay tantos….


Aunque no quiera, y de ahí meterme en el charco, he de referirme al fútbol, por el hecho de que somos los actuales campeones del mundo. Es cierto que lo somos con una selección que juega muy bien a un deporte de mentirosos. Tranquilo, trataré de explicarme antes de que abandones la página. No jugué nunca bien al fútbol por lo que era rechazado de cualquier intento de unirme a un partido en el barrio. Quizá por eso, ya desde los inicios, lo vi como un deporte excluyente. Pero lo que sí que he ido confirmando con el paso del tiempo, es que es un deporte en el que se premia la mentira, y que ha avanzado muy poco en este aspecto. Anoche veía el partido del Real Madrid contra el Getafe, con unos amigos, cuando pitaron un penalti a Ronaldo. No es penalti. Es fuera del área. No se debe tirar. No debe valer el gol. No es bueno para el deporte. ¿Qué no lo ha visto el árbitro? Que pongan más árbitros. ¿Qué no es suficiente? Que pongan más medios. Hoy los medios técnicos lo permiten. Que se lo digan a los tenistas con su ojo de halcón, o a los corredores con la foto finish. Hay que perseguir la justicia en el deporte. Sólo así se conseguirá que no haya en cada campo tres o cuatro “piscinazos” por partido para engañar al árbitro. No vale ganar con artimañas, con trucos… Vaya por delante que soy seguidor del Real Madrid,  club al que he estado muy orgulloso de pertenecer como jugador, y que esto es solo un ejemplo útil. No puede ser que el ejemplo para los chavales que comienzan el curso mañana sea el de tirarse al suelo, el de simular faltas inexistentes o el de pegar patadas a destiempo como sus ídolos. Así no se crece como deportista, no se aprende como persona, y no se mejora como sociedad. El fútbol nos enseña muy buenas cosas, y también las peores, las más sucias y deshonestas. Por acabar sólo con un ejemplo gráfico. El gol más famoso en la historia del fútbol, el de Maradona, el que ayudó a Argentina a eliminar a Inglaterra de los cuartos de final del mundial del México 86, FUE CON LA MANO. 

El propio Maradona, tras reconocer la trampa que supuso “la mano de Dios”, apostilló: Pero el gol sigue siendo un gol, Argentina se proclamó campeona del Mundial y yo fui el mejor jugador del mundo. 


A esto es a lo que me refiero. En la situación actual, no podemos esperar meter los goles con “la mano de Diós”, no podemos apelar a los chanchullos, no podemos engañar, no podemos hacer trampas, no podemos dar patadas a ver si no nos ven, no podemos dejarnos caer para provocar, no podemos agredir mientras no nos ven…

Por el contrario, es tiempo de salir cada día a luchar, de salir cada día a rebajar nuestros tiempos, de mejorar las partes de los procesos, de reponernos antes de las caídas, de los golpes, de lamer nuestras heridas pronto y seguir luchando, de buscar la excelencia en lo que hacemos. 

Si a estas alturas algún “futbolero” sigue leyendo esto, se lo agradezco mucho. Pienso seguir viendo fútbol, quiero que me siga gustando, pero mientras algunas cosas no cambien, no me sirve mucho como ejemplo para las tareas que tenemos en adelante como país.

Vamos a ver que hace Alonso, esta tarde el basket con Francia y mañana a Nadal en USA. Aprendamos de todos ellos. Extraigamos lo mejor y apliquémoslo a nuestro día a día, hagamos lo que hagamos.


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