Sobre planes, aprendizajes y deseos.

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En estos días hay personas que celebran el fin de un año. A mi me gusta más celebrar el comienzo del siguiente. Un año es un espacio simbólico para encerrar un ciclo, para hacer balance y establecer nuevos retos. La realidad es que es un continuo, y detrás de un martes irremediablemente va a venir un miércoles como ha pasado este año, pero el ser humano necesita tener estas referencias temporales siquiera por costumbre.

Así que, año nuevo, vida nueva. Toca empezar a construir un ciclo, a visualizar nuevos retos, a pensar en cinco/diez años vista de nuevo. Estos días convivimos con listas de buenos propósitos, con ilusiones, con intenciones, que no van más allá de comenzar la dieta el lunes que viene, de ponerse con el inglés, o de ir de una vez por todas al gimnasio. Y lo peor es que sabemos que no va a pasar ni una semana para que la comodidad del día a día nos arrastre a nuestra zona de confort, y la lista la podamos dejar para el año que viene tranquilamente. Los sueños son para eso, para seguir siendo sueños.

Si queremos de verdad que los sueños se conviertan en realidad, si queremos que se cumplan, no tenemos que hacer más que poner acción por medio. Hay que ponerse manos a la obra. Pero, ojo, también hay que tener un plan. Siempre hay que tener un plan. No significa tener un plan inamovible. En este mundo tan cambiante, ninguna hipótesis puede permanecer en pie medio mes sin que surjan cambios posibles. Y eso no hace que debamos olvidar el plan inicial, siempre se puede adaptar, pero lo que no es ya una opción es dejarnos llevar, esperar a que el azar dibuje nuestro destino. Sólo si se donde quiero llegar, en qué espacio de tiempo y cómo quiero hacerlo, podré empezar a tomar las decisiones que me lleven allí.

Toda decisión tiene como resultado dos variables: O aciertas o aprendes. No hay otra. Las equivocaciones, como he repetido en otras ocasiones en este blog, no son más que aprendizajes para el futuro.  Mi buena amiga Noemí Vico compartía estos días una buena relación de sus aprendizajes personales que me permito divulgar en este post. No puedo estar más de acuerdo con cada una de sus afirmaciones.


Y con los nuevos años llegan también los nuevos deseos para los demás. Los repartimos a diestro y siniestro. Deseamos para los demás salud, suerte, éxitos, proyectos, trabajos, alegrías… Os deseo una buena ración de todo esto a quienes seguís el blog, y espero que hagáis como yo, hacer todo lo posible para que 2014 sea un año inolvidable.

Buena semana

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