Trabajar en el presente para el presente

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Una de las frases que más hemos oído de pequeños era eso de prepararse para el futuro, de sacrificarse, de meter la cabeza en los sitios sin reclamar nada, sin protestar, solo haciendo lo que te mandasen. Era una forma de pensar muy extendida en una generación anterior a la nuestra, una generación que levantó un país casi sin medios, contando apenas con su esfuerzo y con mucha ilusión en lo que hacían. Nos decían que nos debíamos “ganar la vida”. Una vez oí a Alex Rovira apuntar que la vida “ya la traíamos ganada de salida”, y es cierto.
Hace algunos días escuché una reflexión de Eduardo Punset que venía a decir: Nuestros antepasados acuñaron aquello de “hay vida después de la muerte” porque muchos de ellos añoraban poder encontrar algo que en esta vida no encontrarían, pues no sobrepasarían la edad de 40 años. Mozart, por ejemplo, quien tantas sinfonías compuso, murió con 35. Chopin, del que también recordamos muy buena música murió con 39. Incluso el gran Beethoven, solo contó con 57 años de vida, para regalarnos su extenso repertorio. Continuaba Punset apuntillando que: hoy habría que decir que “Hay vida antes de la muerte”.  Tenemos mucha vida por delante para disfrutarla, para saborearla, antes de esperar a hacerlo cuando nos hayamos ido de esta…
Hoy las personas nos tenemos que preocupar algo más del presente y algo menos del futuro.  Todos conocemos un montón de casos de personas que trabajan hasta los últimos minutos de su edad en activo añorando su dorada jubilación, su exigua pensión, y desaparecen sin apenas haberla podido disfrutar.
No digo que debamos pensar sólo en el hoy y no en el mañana. Si acaso me encuentro a caballo entre la generación que pensaba en el mañana sin disfrutar el hoy, y entre la que está llegando que piensa más en el hoy sin atisbar siquiera lo que será el mañana. Si tuviera que poner una balanza, hace años intento disfrutar a tope el hoy teniendo el futuro no como n anhelo, sino como el lugar al que llegaré llevando las riendas de mi destino. Hace ya algunos años que decidí pasar del miedo a perder, a perder el miedo. De ser un simple espectador de mi vida, a ser el verdadero protagonista. Esa elección me hizo más libre, más involucrado en la tarea y más selectivo en las decisiones. Ese es un buen camino.
Y como por el momento no nos queda otra que trabajar, lo mejor es hacerlo en lo que a uno le gusta, porque de ese modo, tu presente es un presente rico, que traerá indefectiblemente un futuro  igual de rico en los valores por los que estás apostando. Disfrutad esta Semana Santa que llega y nos leemos a la vuelta.
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