Libertad y Confianza

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Ayer estuve en el Palacio de los Deportes de Madrid viendo a la selección española de baloncesto como ganaba sin muchas dificultades a Lituania. Lo primero que se me viene a la cabeza al leer esta mañana los titulares, “España se pasea ante Lituania”, es que las cosas se ven mejor desde fuera que desde dentro. No cabe duda de que fue superior, pero trabajaron la victoria concienzudamente, y en cada balón que pelearon había una oportunidad de dar ventaja al contrario. Yo creo que a estos niveles no hay paseos, ya que en cualquier momento te pueden hacer un traje. Por tanto, la primera reflexión es que vale más ser prudente y seguir trabajando con humildad para seguir preparando el mundial de Turquía en unos días. posibles y cualquiera, en competición,

En un momento del partido, viendo a Rudy, a Navarro, a Ricky, me di cuenta de que el factor definitivo que ha hecho que el baloncesto en España haya llegado a este nivel tiene sólo un nombre: LIBERTAD.

Hice un repaso rápido en la evolución moderna de la selección. La medalla de plata de Los Ángeles en la olimpiada del 84 la consiguieron personas nacidas a finales de los 50, principios de los 60. Jugadores como Corbalán, Fernando Martín, Fernando Romay, Epi, todos ellos tenían 24 o veinticinco años cuando consiguieron aquella gesta. Era un baloncesto muy encorsetado en sistemas cerrados, en movimientos repetitivamente machacones, en donde los jugadores se salían poco del guión. Había poca libertad de movimientos. Se ganó por pundonor, por trabajo y por el talento de dos o tres jugadores que sobresalían sobre el resto.

En esos momentos estábamos aprendiendo todos los nacidos a finales de los 60, principios de los 70. Teníamos 14 años. Esta generación segunda de baloncestistas no llegó a conseguir ningún título relevante hasta 1999, cuando de la mano de mi admirado Lolo Sainz, ganamos la medalla de plata del europeo en Francia con jugadores de mi generación como Alberto Herreros, Alfonso Reyes, Rodrigo De la Fuente o Alberto Angulo.

De la actual tercera generación de los Gasol, Navarro, Rudy, no hay más que decir que lo que todos conocemos.

Pero, ¿qué le pasó a la generación intermedia para no liderar el baloncesto mundial como lo está haciendo ésta? Viéndolos jugar ayer, este baloncesto es mucho más libre, más provocador, más “sinvergüenza” que el que a mí me hicieron aprender. Nuestra generación estaba a caballo entre obedecer las normas que se tenían de siempre y aprender un baloncesto ortodoxo. Si un base se pasaba el balón entre las piernas en un entreno, por ejemplo, corría el riesgo de ser reprendido por un entrenador de la vieja escuela. No se veían bien las “filigranas”, como se llamaba a hacer cosas “tipo NBA”. ¡Estamos en España!, he oído a veces en los entrenamientos. Se jugaba bien, pero se exploraba poco, se innovaba poco, se arriesgaba poco. En este clima, se favorece poco el desarrollo de las habilidades diferenciadas de cada uno. Y con ello se destacan muchos menos jugadores.

Por eso, cuando veo a éstos, cuando veo su talento desarrollado al máximo, cuando veo con la frescura y la libertad con la que juegan, pienso en lo que cambiarían algunas empresas si permitieran a las personas desarrollar su talento, si permitieran a las personas equivocarse más, buscar la mejor opción de tiro, o jugársela hacia canasta en momentos decisivos sin esperar a lo que dice el gran jefe. Hay mucha gente encorsetada en sus empresas por normas anticuadas, por formas de hacer que nos permitieron llegar hasta aquí, pero que no nos garantizan continuar en el futuro por la misma senda, o aspirar a más altas metas.

Hace unos días he leído “Los próximos 30 años” de Alvaro González-Alorda, y destaco el ejemplo que pone de la empresa Semco, en donde, según se cuenta, Ricardo Semler, su líder, practica un “management con un modelo basado en la confianza” Los resultados le acompañan, y es curioso ver las medidas con las que funciona la empresa. Finaliza Álvaro diciendo que “nuestra generación (él pertenece más a los gasoles, navarro y cia) tiene el atrevido reto de romper con esa lógica de la desconfianza”. No puedo estar más de acuerdo.

Libertad y confianza, dos términos que han de calar rápidamente en el mundo de la empresa si queremos abordar los retos que tenemos por delante.

Hoy, permitir a la gente explorar nuevas vías, cambiar formas de hacer, confiar en las personas, ya no es una sólo una opción. Es que no hay otra.
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