Por las personas, los sueños y un esperanzador futuro.

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Ryan Bingham, un profesional contratado por las empresas para despedir a personas, le hizo en una ocasión esta pregunta a una de las personas a las que estaba despidiendo:  ¿Cuánto le pagaron para que renunciara a sus sueños?  La cantidad no viene al caso.

Si cuento que esta escena forma parte de una película titulada “Up in the Air”, probablemente nos suene. Si digo que el protagonista de la misma, el despedidor, es George Clooney, la reconoceremos mejor. Pongo el corte a continuación. Vedlo que merece la pena.


Como George Clooney dice en la película, un despido puede ser una extraordinaria oportunidad para conseguir un mejor futuro, para perseguir tu sueño, para poder mirar a tus hijos a la cara. Hace algunos meses hablaba de los despidos en este post. Para despedir gente, hasta para decirles que ya no cuentas con ellos por los motivos que sea, hay que hacer las cosas bien. Creo que la confianza en las empresas es algo que tarda años en construirse, y segundos en esfumarse.

En los tiempos que corren, las empresas no se pueden permitir el lujo de llevar a cabo estos procesos mal. En primer lugar por respeto a quien trabajó para la casa durante años. En segundo lugar por las personas que se quedan. Por la moral de la tropa.

Hoy he desayunado con un amigo que venía de hacer unas gestiones en una empresa. Así, de pronto, me suelta que intuye que deben estar pasando por problemas serios porque la persona que le ha atendido le ha dicho: “No sé qué está pasando en la empresa. Es como si todo el mundo se estuviese volviendo loco. No entiendo las decisiones que se toman. No entiendo las maneras con las que se están haciendo las cosas. Esto no ha pasado nunca. En cuanto que pueda me marcho de aquí. Esta ya no es la empresa en la que daba gusto trabajar. No la reconozco”.

Y es que las formas de tratar a las personas, hasta en estos momentos, es la que marca la diferencia. Hace también algunas semanas, retomé en otro post esta frase sacada de las antiguas bodegas Guelbenzu. La copio de nuevo porque hoy le va que ni pintado al post:




Los empleados tardan pocas semanas en empezar a tratar a los clientes como la empresa les trata a ellos. Al final, lo que importa son las personas y no tanto las estrategias. Se debe de tratar igual de bien a los empleados como a los accionistas, ya que cada día ponen su corazón y su mente al servicio de la empresa. Y si no lo hacen, la empresa no sobrevivirá en el tiempo.



Éste, que es el último post del año, tiene también un sentido de fin de una etapa, de cambio de ciclo. Dicen que cuando una puerta se cierra, se abren otras miles. Yo lo creo. Creo que las cosas pasan por algo. Como dijo el fundador de Apple y Pixar en su ya conocido discurso de Stanford, las personas debemos buscar lo que amamos. Y perseguirlo hasta obtenerlo. Sólo así, cuando unas los puntos hacia atrás, sabrás que las cosas pasan por algo. 

Es tiempo de volver a luchar por lo que queremos, por cosas que merezcan la pena. Es hora de trabajar por el futuro, de alinearse con el destino, de pasar página y perseguir los sueños. 

Quiero daros las gracias por seguir visitando este modesto blog, por seguir manteniendo el contacto, y por seguir compartiendo correos y experiencias interesantísimas.

2011 va a ser un año duro y divertido. A la vez.

Brindo por las personas, los sueños y un esperanzador futuro. 

Un abrazo
Raúl Castro
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