De las nuevas oportunidades que te da la vida

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Suena de fondo la hermosa historia de Pedro Navajas cantada por Rubén Blades cuyo pegadizo estribillo dice aquello de: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…”. No puede haber un mejor lugar para oírla que el propio caribe, así que desde la ciudad de Santo Domingo, el título de este post sale casi por obligación. La vida te da sorpresas… y muy buenas oportunidades. 



Con la explosión de la herramienta Linked in en España, llevo unos días entrando en contacto con varios ex colegas de la institución donde trabajé durante veinte intensos y apasionantes años. No es de extrañar, porque más de quinientas personas hemos salido de allí en el último año y medio. Algunos me escriben y a otros les invito yo a contactar… Es una manera realmente sencilla y eficaz de hacer nuevos contactos, y a mí me ha ayudado a conocer ya cientos de personas en mi nueva andadura por estas tierras de ultramar. Sin embargo, esta utilidad de recuperar el contacto perdido con personas con las que has trabajado codo con codo, con excelentes profesionales que acabaron siendo magníficos amigos, reconozco que me tiene fascinado. Y no sólo por retomar el contacto, sino por comprobar cómo cada uno ha decidido tomar las riendas de su vida de manera diferente. He contactado con colegas que han continuado sus vidas profesionales como directivos en banca, he hablado con otros que han reorientado sus carreras en otros sectores, otros que andan en búsqueda activa de empleo (como ahora se ha dado en llamar a buscar trabajo), y otros que han visto en este giro de la vida una oportunidad para perseguir sus sueños. A veces un ERE cubierto, encubierto o circunstancial, puede esconder una extraordinaria oportunidad para dedicarte a hacer lo que de verdad da sentido a tu vida. De una teoría de Jim Collins, de su libro Good to Great, he adaptado para mis conferencias un concepto que viene a decir que, para que una actividad sea sostenible y exitosa en el tiempo, se han de dar estos tres factores:

  • Que estés preparado para ello.
  • Que te brillen los ojos sólo de pensarlo
  • Qué puedas vivir de ello.

Sin una de las tres, aquello que inicies tendrá sus días contados. 

Si estás preparado y puedes vivir de ello, pero no te brillan los ojos, no te emociona de verdad hacerlo, tardarás poco tiempo en buscar otra cosa. Cuando pasas de una determinada edad, no tienes el cuerpo para trabajos que no soportas. Ojo, siempre que puedas elegir. Si no es así, no queda otro remedio que padecerlo. Los que seguís este blog sabéis de mi teoría de que el futuro lo conformamos nosotros, así que la elección es nuestra. Hasta la de cancelar la hipoteca, vender la casa, y comenzar una nueva vida. Otra cosa es que no queramos hacerlo.


La segunda opción sería que te brillaran los ojos y que ganaras dinero con ello. Si es así, más tarde o más temprano tendrás que prepararte, tendrás que formarte en la materia, o no habrás tenido más que un golpe de suerte temporal que desaparecerá tan pronto el mercado se ponga en marcha.

La tercera posibilidad de que no funcione es si haces algo para lo que estás preparado, con lo que te brillan los ojos cada mañana, pero con lo que no ganas dinero. Eso se llama hobbie. Si puedes permitírtelo, felicidades, pero si no es así, más tarde o más temprano habrás de poner precio a tus servicios, venderlos y lo que es más importante en esta época, cobrarlos.

Y en eso voy viendo a muchas personas ingeniosas ante las que me quito el sombrero, gente que se ha tomado esta crisis con valentía, que ha cogido el toro por los cuernos y que ha cambiado su despacho y su coche de empresa, por el «bonobus» y la cafetería de la esquina como toda oficina, y se ha puesto a trabajar en su futuro, en su presente más rabiante. Para mí todo vale. Todo menos quedarse sentado maldiciendo la mala suerte de uno mientras pasan los días y se agotan las ayudas, la autoestima y la paciencia.


Buena semana!!!!!

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